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Cálculos biliares en el hígado – Un severo riesgo para la salud

Piense en el hígado como una ciudad grande, con miles de casas y
calles. Hay tuberías subterráneas para distribuir agua y gas. Los

sistemas de drenaje y los camiones de basura se encargan de los
desperdicios. Las líneas eléctricas distribuyen energía a los hogares y
negocios. Fábricas, sistemas de transporte y comercios cubren las
necesidades diarias de sus habitantes. La ciudad está organizada de tal
forma que provee todo lo necesario para la subsistencia de su población
entera. Sin embargo, si la vida en la ciudad se paraliza como resultado de
grandes huelgas, fuentes de energía en deterioro, un masivo acto terrorista
o un devastador terremoto, la población comenzará a sufrir serias
carencias en todos estos sectores.
El hígado tiene cientos de funciones diferentes y está conectado a todas
las partes del cuerpo. Durante todo el día, se ocupa de crear, procesar y
proveer grandes cantidades de nutrientes. Estos nutrientes alimentan entre
60 y 100 trillones de habitantes (las células) del cuerpo. Cada célula es, en
sí misma, una microscópica ciudad de complejidad inmensa, con billones
de reacciones químicas por segundo. Para sostener las increíbles y
diversas actividades de todas las células del cuerpo sin interrupción, el
hígado debe proveerlas con una corriente constante de nutrientes y
hormonas. Con su complejo laberinto de venas, conductos y células
especializadas, el hígado necesita estar libre de cualquier obstrucción para
poder mantener una línea de producción sin problemas y un sistema de
distribución de nutrientes y hormonas libre de fricciones en el cuerpo.
El hígado es el principal órgano responsable de procesar, convertir,
distribuir y mantener las necesidades de ‘combustible’ del cuerpo.
Algunas acciones involucran la simplificación de químicos complejos;
otras, también importantes, involucran la síntesis, particularmente la
manufactura de moléculas proteínicas. El hígado funciona como una
estación de limpieza, desactivando hormonas, alcohol y drogas. En todos
los casos, es la función del hígado el modificar estas sustancias biológicamente activas para que pierdan su potencial efecto dañino -un
proceso llamado desintoxicación. Las células especializadas en los vasos
sanguíneos del hígado (células de kupffer) atacan a los elementos dañinos
y a los organismos infecciosos que llegan al hígado desde el intestino. El
hígado secreta los materiales de desecho resultantes de estas acciones a
través de sus conductos de bilis. Para asegurar que todo esto suceda de
manera eficiente, el hígado recibe y filtra tres pintas de sangre por minuto
y produce dos y cuarto de pintas de bilis diariamente. Los cálculos biliares
obstructivos pueden mermar en gran manera la capacidad del hígado para
detoxificar todas estas sustancias proveídas externamente o internamente
generadas en la sangre; también previenen al hígado de entregar la
cantidad adecuada de nutrientes y energía a los lugares precisos del cuerpo
en el momento justo. Esto puede afectar el delicado equilibrio del cuerpo,
llamado ‘homeostasis’, resultando en un mal funcionamiento de sus
sistemas y órganos.
El ejemplo perfecto de tal desequilibrio es el incremento en la
concentración de hormonas endocrinas estrógeno y aldosterona en la
sangre. Estas hormonas, producidas en hombres y mujeres, son
responsables del grado correcto de la retención de agua y sal; cuando no se
desintoxica, como ocurre en la congestión de la vesícula y los conductos
biliares, su excesiva concentración en la sangre produce la inflamación del
tejido y la retención de agua. Los altos niveles de estrógeno son
considerados como la primordial causa del cáncer de seno en las mujeres.
En los hombres, los altos niveles de esta hormona pueden causar el
desarrollo de tejido en los senos. Casi un 60% de la población
norteamericana tiene sobrepeso u obesidad; esto es, sufren de retención de
líquidos (con comparativamente poca acumulación de tejido adiposo o
grasa). La retención de fluidos en los tejidos obliga a otros materiales de
desecho a ser depositados en varias partes del cuerpo. En cualquier
momento que la capacidad de almacenaje de toxinas se agota, los síntomas
de enfermedad aparecen.
Limpiar el hígado y la vesícula de todos los cálculos acumulados ayuda
a restaurar la homeostasis, a balancear el peso y a pre acondicionar al
cuerpo para que se cure automáticamente; es también una de las mejores
precauciones que uno puede tomar para protegerse contra enfermedades
en el futuro (vea las figuras 1a y 1b: cálculos biliares desechados del
hígado y la vesícula).
Si usted sufre alguno de los síntomas presentados a continuación, o alguna condición similar, probablemente tenga un gran número de cálculos biliares en su hígado y su vesícula:

Impotencia
Problemas urinarios
Problemas de visión
Manchas del hígado,
especialmente aquéllas en la
parte anterior de las manos y la cara
Exceso de peso o debilitación
Color oscuro debajo de los ojos
Escoliosis
Cuello rígido
Problemas dentales o de encías
Adormecimiento o parálisis de
las piernas
Osteoporosis
Enfermedades renales
Mal de Alzheimer
Cabello grasoso o pérdida del
cabello
Pesadillas
Desórdenes digestivos
Heces Fecales de color arcilla
Hemorroides
Cirrosis hepática
Alto colesterol
Desórdenes cerebrales
Una personalidad molesta o
‘biliosa’
Otros problemas sexuales
Desequilibrios hormonales
Ojos hinchados
Mareos y episodios de
desmayos
Fuertes dolores en la espalda y
hombros
Impotencia
Problemas urinarios
Problemas de visión

Manchas del hígado,
especialmente aquéllas en la parte anterior de las manos y la cara

Exceso de peso o debilitación
Color oscuro debajo de los ojos Escoliosis
Cuello rígido
Problemas dentales o de encías Adormecimiento o parálisis de las piernas
Osteoporosis
Enfermedades renales Mal de Alzheimer
Cabello grasoso o pérdida del cabello
Pesadillas
Desórdenes digestivos
Heces Fecales de color arcilla Hemorroides
Cirrosis hepática
Alto colesterol
Desórdenes cerebrales
Una personalidad molesta o
‘biliosa’
Otros problemas sexuales Desequilibrios hormonales Ojos hinchados
Mareos y episodios de desmayos
Fuertes dolores en la espalda y hombros
Gota
Asma
Ojos y piel amarilla Obesidad
Extremidades frías
Dureza de las articulaciones y músculos

calculos viliares

La Importancia de la Bilis

Una de las funciones más importantes del hígado es el producir bilis,
aproximadamente entre 1 y 1 ½ cuartos de galón al día. La bilis es un
fluido amarillento y viscoso que es alcalino (contra ácido) y tiene un sabor
muy amargo. La mayoría de la comida no puede ser digerida sin la bilis.
Por ejemplo, para permitir que el intestino delgado absorba grasas y calcio
de la comida ingerida, la comida debe primero mezclarse con bilis.
Cuando las grasas no se absorben correctamente, significa que la secreción
de bilis no es suficiente. La grasa no digerida continúa en el tracto
intestinal. Cuando la grasa llega al colon, junto con el resto de los
conductos de desecho, las bacterias la simplifican en componentes de
ácidos grasos, o se evacua en las heces fecales. Dado que la grasa es más
ligera que el agua, las heces pueden flotar en el inodoro. Si no se absorbe
la grasa, entonces el calcio tampoco se absorbe, dejando a la sangre con un
déficit. La sangre posteriormente toma el calcio restante de los huesos. La
mayoría de los problemas de densidad ósea son propiamente el resultado
de la insuficiente secreción de bilis y la pobre digestión de grasas más que
de no consumir el suficiente calcio.
Aparte de procesar las grasas contenidas en la comida, la bilis también
remueve toxinas del hígado. Una de las funciones menos conocidas pero
no menos importantes de la bilis es el de-acidificar y limpiar los intestinos.
Si los cálculos biliares en el hígado o la vesícula han impedido
críticamente el flujo de bilis a los intestinos, el color de las heces será de
color tostado, amarillo-naranja o pálido como la arcilla, en lugar de su
color café-verdoso. Los cálculos biliares son uno de los resultados de una
dieta y estilo de vida poco saludable. Si los cálculos biliares todavía se
encuentran en el hígado aún después de haber eliminado al resto de
factores provocadores de enfermedades, ellos continúan siendo un riesgo
de salud considerable y pueden causar enfermedades o envejecimiento
prematuro. Por esta razón, el tema de los cálculos biliares se ha incluido
como un severo factor de riesgo o causa de enfermedad. Las siguientes
secciones describen algunas de las principales consecuencias que los
cálculos biliares en el hígado producen en diferentes órganos y sistemas en
el cuerpo. Al remover estas piedras, el cuerpo entero puede reanudar sus
actividades normales y saludables.

Desórdenes Del Sistema Digestivo

Hay cuatro principales actividades en el tracto alimentario de nuestro
sistema digestivo: Ingestión, Digestión, Absorción y Eliminación. El canal
alimentario comienza en la boca, pasa por el tórax, el abdomen y la región
pélvica, para terminar en el ano (vea Figura 2). Cuando la comida se
ingesta, una serie de procesos digestivos comienzan a ocurrir. Estos
pueden dividirse en el proceso mecánico de la comida a través de la
masticación y el proceso químico de la comida por medio de enzimas.
Estas enzimas están presentes en las secreciones producidas por glándulas
del sistema digestivo.

El sistema digestivo

Las enzimas son pequeñas sustancias químicas que causan o aceleran
los cambios químicos en otras sustancias sin que ellas cambien. Las
enzimas digestivas se contienen en la saliva de las glándulas salivales de la
boca, los jugos gástricos del estómago, el jugo intestinal en el intestino
delgado, el jugo pancreático en el páncreas y la bilis en el hígado.
La absorción es el proceso durante el cual diminutas partículas de
nutrientes pasan por las paredes intestinales hacia la sangre y los vasos
linfáticos para ser distribuidas a las células del cuerpo. Las entrañas
eliminan en forma de heces cualquier sustancia comestible que no puede
ser digerida o absorbida. Las heces fecales también contienen bilis, la cual
lleva los desechos resultantes de los procesos (catabolismo) de los
glóbulos rojos. Además, una tercera parte del desecho excretado esta
compuesto de bacterias intestinales. El cuerpo puede funcionar suave y
eficientemente si las entrañas remueven el desecho diario acumulado
todos los días.
La salud es el resultado natural del funcionamiento balanceado de cada una de estas actividades en el sistema digestivo. A su vez, las enfermedades surgen cuando una o más de estas funciones están inhabilitadas. La presencia de cálculos biliares en el hígado y vesícula tiene una fuerte influencia perjudicial en la digestión y absorción de comida, así como en la eliminación de desechos.

Enfermedades de la Boca

Los cálculos biliares en el hígado y la vesícula pueden ser los
responsables de la mayoría de las enfermedades de la boca. Las piedras
interfieren con la digestión y absorción de comida, lo que a su vez provoca
que los conductos de desecho destinados a la evacuación permanezcan en
el tracto intestinal. Las infecciones bacterianas (candidiasis) y las
infecciones virales (herpes) en la boca se producen sólo cuando
componentes de desecho se descomponen y se vuelven una fuente de
toxicidad en el cuerpo. Las toxinas atrapadas constantemente irritan partes
del revestimiento gastro-intestinal (el cual comienza en la boca y termina
en el ano) hasta que se da la inflamación o ulcerización. Los tejidos
celulares dañados ‘invitan’ a más microbios a la escena de la herida para
ayudar a limpiar los restos celulares. Este es un fenómeno normal visto en
la naturaleza dondequiera que haya algo que necesita de la
descomposición. Las bacterias nunca atacan, esto es, no infectan algo que
esta tan limpio, vital y saludable como una fruta colgando de un árbol.

Solo cuando la fruta madura cae al suelo es que la bacteria comienza su
trabajo de limpieza. Las toxinas se generan en el momento que la bacteria
comienza a descomponer comida o tejido. Estas toxinas pueden
reconocerse por su olor desagradable y naturaleza ácida. Si se generan en
el cuerpo, es natural que los síntomas de enfermedad aparezcan.
La candidiasis indica la presencia de grandes cantidades de bacteria que se han extendido a lo largo del tracto intestinal, incluyendo el área de la boca. Se presenta en la boca, porque el revestimiento mocoso ahí localizado ya no es lo suficientemente resistente para mantener a las células en buen estado. Dado que la parte principal del sistema inmunológico se encuentra en el revestimiento mocoso del tracto intestinal, la candidiasis indica una seria debilidad del cuerpo en general en su inmunidad contra las enfermedades.
El herpes, considerado como una enfermedad viral, es parecido a la
candidiasis, con la excepción de que, a diferencia de las bacterias que
atacan el exterior de la célula, los materiales virales atacan el interior o
núcleo celular. En ambos casos, los atacantes se enfocan en células débiles
o no saludables, aquéllas que ya están dañadas o son disfuncionales.
Sumándose al dilema, los cálculos biliares albergan bastantes bacterias y
virus, las cuáles escapan del hígado a través de la bilis secretada
infectando aquellas partes del cuerpo que les oponen la menor resistencia.
Los cálculos biliares conllevan otros problemas en la boca. Inhiben
propiamente la secreción de bilis, lo que a su vez reduce el apetito y la
secreción de saliva en las glándulas salivales en la boca. Se requiere de la
saliva para limpiar la boca y mantener sus tejidos suaves y flexibles. Al no
haber la suficiente saliva presente, la bacteria destructiva puede iniciar su
invasión de la cavidad bucal. Esto resulta en deterioro dental y otros
problemas relacionados con la dentadura. Pero, de nueva cuenta, la
bacteria no produce este deterioro dental; los gérmenes son atraídos
solamente hacia aquellas áreas de la boca que ya están desnutridas y
tóxicas.
Un sabor amargo en la boca se causa por la bilis que se ha regurgitado
hasta el estómago, y de ahí, a la boca. Esta condición es el resultado de
una severa congestión intestinal. En lugar de avanzar hacia abajo, algunas
partes del contenido intestinal son retrocedidas hacia arriba, llevando
consigo gases y otras sustancias irritantes hacia las partes superiores del
tracto gastro-intestinal. La bilis en la boca drásticamente altera el valor del
pH (balance ácido-alcalino) de la saliva, inhibiendo sus propiedades
limpiadoras y haciendo que la boca se vuelva susceptible de
enfermedades.

Una úlcera bucal en el labio inferior indica un proceso inflamatorio simultáneo en el intestino grueso. La repetida aparición de úlceras en cualquier esquina de la boca señala la presencia de úlceras duodenales (vea la siguiente sección Enfermedades del estómago). Las úlceras en la lengua, dependiendo de su ubicación, indican procesos inflamatorios en las correspondientes áreas del canal alimentario, como el estómago, el intestino delgado, el apéndice o el intestino grueso.

Enfermedades del Estómago

Como ya se mencionó, los cálculos biliares y sus subsecuentes
problemas digestivos pueden producir una regurgitación de los ácidos y
sales biliares hacia el estómago. Dicho evento cambia negativamente la
composición de la mucosa generada en el estómago. La mucosa se
encuentra ahí para proteger el revestimiento estomacal de los efectos
destructivos del ácido clorhídrico. La condición donde este ‘escudo’
protector se revienta o es disminuido se conoce como gastritis.
La gastritis puede ocurrir de forma aguda o crónica. Cuando las células
de la superficie (epiteliales) del estómago son expuestas al ácido jugo
gástrico, las células absorben iones de hidrógeno. Esto aumenta su acidez
interna, desequilibra sus procesos metabólicos básicos y causa una
reacción inflamatoria. En los casos más severos, se puede presentar una
inflamación de la mucosa (úlcera gástrica o péptica), sangrado,
perforación de la pared estomacal y la peritonitis, una condición que surge
cuándo una úlcera erosiona totalmente el grosor del estómago o duodeno y
su contenido entra en la cavidad peritoneal. Las úlceras del duodeno se
desarrollan cuando el ácido que abandona el estómago erosiona el
revestimiento duodenal. En algunos casos, la producción de ácido es
inusualmente alta. Comer demasiadas comidas que requieran fuertes
secreciones ácidas, así como el combinar comida inadecuada (para más
detalles, vea “Los Eternos Secretos de la Salud y el Rejuvenecimiento”,
del mismo autor), frecuentemente alteran la balanceada producción de
ácidos. El reflujo en el esófago, comúnmente conocido como acidez, es
una condición en la cual el ácido del estómago inunda el esófago y causa
la irritación de los tejidos revestidores del esófago.
Hay mas causas de la gastritis y la acidez estomacal. Estas incluyen, el
comer de más, el excesivo consumo de alcohol, el fumar demasiado, tomar
café diariamente y el comer grandes cantidades de proteínas y grasas
animales, la radiación de rayos X, las drogas citotóxicas (o agentes de

quimioterapia), la aspirina y otros desinflamatorios, el envenenamiento
por comida, comidas muy picantes, la deshidratación, el estrés emocional,
etc. Todas éstas también causan cálculos en el hígado y la vesícula,
desatando un círculo vicioso y agregando mayores complicaciones a lo
largo del tracto gastro-intestinal. El evento final puede ser la formación de
tumores estomacales malignos.
La mayoría de los doctores piensan que un ‘bicho’ es el causante de las
úlceras estomacales. El combatir al bicho con antibióticos usualmente
resulta en el alivio y el paro de la úlcera. A pesar de que estos
medicamentos no previenen a la úlcera de reaparecer una vez que se haya
descontinuado su uso, hay una alta tasa de ‘recuperación’. Pero tal
recuperación, por lo general viene acompañada de efectos secundarios.
La infección de estos bichos es posible porque ya existe una gran
cantidad de tejido dañado en el estómago. En un estómago saludable, el
mismo bicho resulta inofensivo. Como se mencionó anteriormente, los
cálculos en el hígado y la vesícula conducen al retorno de bilis al
estómago, causando daño a un creciente número de células estomacales.
Los antibióticos destruyen la flora estomacal natural, incluyendo las
bacterias que normalmente ayudan en el desecho de las células dañadas.
Es por esto que, a pesar de que el enfoque antibiótico resulta en un rápido
alivio de los síntomas, también disminuye permanentemente la eficacia del
estómago, colocando al cuerpo en desventaja al momento de enfrentarse a
retos más severos que simplemente tratar una úlcera1. El tomar atajos
hacia el alivio raramente funciona. Por otra parte, la mayoría de los
malestares estomacales desaparecen espontáneamente cuando todos los
cálculos biliares se remueven y se mantiene una dieta saludable y un estilo
de vida balanceado.

Enfermedades del Páncreas

El páncreas es una pequeña glándula cuya cabeza descansa en la curva
del duodeno. Su conducto principal une el conducto biliar común (del
hígado y la vesícula) para formar lo que se conoce como la ampula
duodenal. Esta ampula entra en el duodeno en su punto medio. Aparte de
secretar las hormonas insulina y glucagón, el páncreas produce jugos
pancreáticos que contienen enzimas que digieren los carbohidratos, las
proteínas y las grasas. Cuando el contenido ácido del estómago llega al
duodeno, se mezcla con la bilis y los jugos pancreáticos. Esto crea el
equilibrio ácido/alcalino (valor pH) con el cuál, las enzimas pancreáticas

son más efectivas (ambos, bilis y jugos pancreáticos, son alcalinos).
Los cálculos biliares en el hígado o la vesícula reducen las secreciones
biliares de la cantidad normal de un cuarto de galón por día, a una
cantidad tan pequeña como una taza por día. Esto interrumpe severamente
el proceso digestivo, especialmente si se consumen grasas o comidas ricas
en grasas. En consecuencia, el pH mantiene su valor reducido, lo que
inhibe la acción de las enzimas pancreáticas, así como de aquéllas
secretadas en el intestino delgado. El resultado final es que la comida sólo
se digiere parcialmente. La comida mal digerida al saturarse con el ácido
clorhídrico del estómago puede tener un efecto altamente irritante y tóxico
en todo el tracto intestinal.
Si un cálculo biliar ha pasado de la vesícula a la ampula duodenal
donde se unen el conducto biliar común y los conductos pancreáticos (ver
figura 3), se obstruye el flujo del jugo pancreático y la bilis llega al
páncreas. Esto provoca que las enzimas pancreáticas divisoras de proteínas
se activen en el páncreas y no en el duodeno, como sería normalmente.
Estas enzimas comienzan a digerir partes del tejido pancreático, lo que
puede resultar en infección, supuración, y trombosis local. Esta condición
es conocida como pancreatitis.

Cálculos biliares en una vesícula disectada

Los cálculos biliares que obstruyen la ampolla liberan bacterias, virus y
toxinas hacia el páncreas, lo que puede causar un mayor daño a las células
pancreáticas, y eventualmente producir tumores malignos. Los tumores
regularmente aparecen en la cabeza del páncreas, donde inhiben el flujo de
la bilis y los jugos pancreáticos. Esta condición suele estar acompañada de
ictericia (para mayores detalles, vea ‘enfermedades del hígado’).
Los cálculos biliares en el hígado, la vesícula y la ampolla también
pueden ser responsables de dos tipos de diabetes -dependiente de insulina
y no-dependiente de insulina. Todos mis pacientes a los que se les han
diagnosticado diabetes, incluyendo los niños, tienen grandes cantidades de
piedras en su hígado. Cada limpieza hepática ayudó a mejorar su
condición, en el provisto de que hayan seguido un régimen saludable y
una dieta libre de productos animales (también ver ‘Consumo excesivo de
proteínas’ en el capítulo 3).

Enfermedades del Hígado

El hígado es la glándula más grande del cuerpo. Pesa hasta tres libras, ésta suspendida en la parte trasera de las costillas en el lado superior derecho del abdomen y se extiende por casi todo lo ancho del cuerpo. Al ser responsable de cientos de funciones diferentes, es también el órgano más complejo y activo en el cuerpo.
Dado que el hígado se encarga de procesar, convertir, distribuir y
mantener el suministro del ‘combustible’ vital del cuerpo (nutrientes y
energía), cualquier cosa que interfiera con estas funciones tendrá un
impacto serio en detrimento de la salud del hígado y del cuerpo entero. La
principal interferencia aparece con la presencia de cálculos biliares.
Además de producir colesterol, un material esencial en la construcción
de las células, hormonas y bilis, el hígado también produce hormonas y
proteínas que afectan el funcionamiento del cuerpo, su crecimiento y
curación. También produce nuevos aminoácidos y convierte los existentes
en proteínas. Estas proteínas son el principal material de construcción de
las células, las hormonas, los neurotransmisores, los genes, etc. Otras
funciones esenciales del hígado incluyen el procesamiento de las células
viejas y gastadas, el reciclar el hierro y almacenar vitaminas y nutrientes.
Los cálculos biliares ponen en riesgo todas estas vitales tareas.
Aparte de procesar el alcohol en la sangre, el hígado también procesa
sustancias nocivas, bacterias, parásitos, y ciertos componentes de las drogas químicas. Usa enzimas específicas para convertir los desechos o
venenos en sustancias que puedan ser seguramente eliminadas del cuerpo.
El hígado filtra más de un cuarto de galón de sangre por minuto. La
mayoría de los productos de desechos filtrados dejan el hígado a través del
flujo biliar. Los cálculos biliares que obstruyen los conductos biliares
conducen a elevados niveles de toxicidad en el hígado y en última
instancia a enfermedades hepáticas. Su desarrollo se precipita con
ingesta de farmacéuticos, normalmente procesados en el hígado. La
presencia de cálculos biliares previene su detoxificación, lo que produce
una sobredosis y devastadores efectos secundarios, incluso con dosis
normales. También significa que el hígado se encuentra bajo riesgo al
procesar productos de aquellos medicamentos sobre los que opera. El
alcohol que no es detoxificado correctamente puede causar problemas
similares. Todas las enfermedades hepáticas son precedidas por una
extensiva obstrucción de los conductos biliares con cálculos biliares. Los
cálculos biliares distorsionan el marco de referencia estructural de los
lóbulos hepáticos (ver figuras 3 y 4), las cuáles son las principales
unidades que comprenden el hígado (hay más de 50,000 de estas unidades
en el hígado). En consecuencia, la circulación sanguínea a y desde estos
lóbulos, y las células que las componen, se vuelve más difícil. Además, las
células hepáticas habrán limitado su producción biliar. Las fibras
nerviosas se dañan. La prolongada asfixia eventualmente daña o destruye
las células hepáticas y sus lóbulos. A hay un reemplazo gradual de las
células dañadas por tejido fibroso, causando mayor obstrucción y un
incremento en la presión de los vasos sanguíneos en el hígado. Si la
regeneración de las células hepáticas no se mantiene a la par con el daño,
la cirrosis hepática es inminente. La cirrosis hepática por lo general
conduce a la muerte.
El deterioro hepático sucede cuando las células hepáticas destruidas
son tantas que sólo queda un número insuficiente para procesar las
funciones importantes y vitales de los órganos. Las consecuencias del
deterioro hepático incluyen los mareos, la confusión, el temblor de manos
(asterixis), una baja en el azúcar de la sangre, infección, deterioro renal y
retención de fluidos, sangrado incontrolable, el coma y la muerte. Sin
embargo, el poder de recuperación del hígado es sorprendente. Si se
remueven los cálculos biliares, y se descontinúa la ingesta de alcohol y
drogas, no habrá problemas a largo plazo, a pesar de que la mayoría de las
células hepáticas pudieron haber sido destruidas durante la enfermedad.
Cuando las células recrecen, lo hacen de una manera ordenada, la cual
permite la función normal. Esto es posible porque en el deterioro hepático (contrario a la cirrosis hepática) la estructura básica del hígado no ha sido sustancialmente alterada.
La hepatitis aguda surge cuándo grupos enteros de células hepáticas
comienzan a morir. Los cálculos biliares albergan grandes cantidades de
materia viral, la cual puede invadir e infectar las células hepáticas,
causando cambios degenerativos en las células. A medida que los cálculos
biliares aumentan en número y tamaño, más células se infectan y mueren,
lóbulos enteros comienzan a colapsarse, y los vasos sanguíneos empiezan
a desarrollar fallas. Esto afecta la circulación sanguínea hacia las células
hepáticas restantes. La extensión del daño que estos cambios tienen en el
hígado y su desempeño depende principalmente del grado de obstrucción
causado por los cálculos biliares en los conductos biliares del hígado. El
cáncer hepático sólo aparece después de muchos años de una oclusión
progresiva de los conductos biliares del hígado. Esto también se aplica a
los tumores en el hígado y que emanan de tumores primarios en el tracto
gastrointestinal, los pulmones, o los senos.
La mayoría de las infecciones hepáticas (tipo A, tipo B, así como tipo
no-A y tipo no-B) aparecen cuando un cierto número de lóbulos hepáticos
están congestionados con cálculos biliares, lo que puede suceder a edad
temprana. Un hígado y un sistema inmunológico saludables pueden
destruir perfectamente el material viral, sin importar que el virus haya sido
obtenido del ambiente externo o que haya entrado en el torrente sanguíneo
de cualquier otra forma. La mayoría de las personas expuestas a estos
virus nunca se enferma. Sin embargo, cuando existe una gran cantidad de
cálculos biliares, el hígado se intoxica y no puede defenderse de la
infección viral.
Los cálculos biliares pueden albergar una gran variedad de virus vivos. Toda vez que algunos de estos virus se liberan y entran en la sangre pueden causar hepatitis crónica. Las infecciones no virales del hígado son causadas por bacteria que ha llegado por cualquiera de los conductos biliares obstruidos con cálculos biliares.
La presencia de cálculos biliares en los conductos biliares también
inhibe la habilidad de las células hepáticas de manejar sustancias tóxicas
como el cloroformo, las drogas citotóxicas, los esteroides anabólicos, el
alcohol, las aspirinas, los hongos, los aditivos alimenticios, etc. Cuando
esto ocurre, el cuerpo desarrolla hipersensibilidades a estas predecibles
sustancias tóxicas; así como también a otras no predecibles contenidas en
diversos medicamentos. Muchas alergias tienen su origen en esta
hipersensibilidad. Por la misma razón, puede haber un incremento en los
efectos secundarios tóxicos como resultado de la ingesta de medicamentos, efectos secundarios que la Federal Drug Administration
(FDA) o las compañías farmacéuticas ni siquiera conocen.
El tipo más común de ictericia es el resultado de cálculos biliares alojados en el conducto biliar que conduce al duodeno y/o de cálculos biliares y tejido fibroso que distorsiona el marco estructural de los lóbulos hepáticos. El movimiento de la bilis a través de los canales biliares (canalículos) se bloquea y las células hepáticas ya no pueden conjugar y secretar el pigmento biliar conocido como bilirrubina. En consecuencia, hay una acumulación de bilis y sustancias que la integran en el torrente sanguíneo. A medida que la bilirrubina se comienza a acumular, mancha la piel. La concentración de bilirrubina en la sangre puede ser tres veces mayor a la normal antes de que se note la coloración amarillenta de la piel y las conjuntivas de los ojos. La bilirrubina sin mezclar tiene un efecto tóxico en las células del cerebro. La ictericia también puede ser causada por un tumor en la cabeza del páncreas.

Un lóbulo hepático

Enfermedades de la Vesícula y los Conductos Biliares

El hígado secreta bilis, la cual pasa a través de los dos conductos
hepáticos hacia un conducto hepático común. Este conducto hepático
común se extiende por 1.5 pulgadas antes de unirse al conducto quístico
proveniente de la vesícula. Antes de que la bilis continúe su camino a
través del conducto biliar común hacia el tracto intestinal, debe entrar en
la vesícula. La vesícula es una bolsa en forma de pera que sobresale del
conducto biliar. Está unida a la parte posterior del hígado (ver figura 5).
Una vesícula normal generalmente retiene 2 onzas líquidas de bilis. Sin
embargo, la bilis en la vesícula, no tiene la misma forma que tenía cuando
abandonó el hígado. En la vesícula hay una gran reabsorción activa de sal
y agua, que reduce el volumen de la bilis a una décima parte de su
cantidad original. Las sales biliares no se absorben, lo que significa que su
concentración se incrementa 10 veces. Sin embargo, se añaden mucosas a
la bilis, la cual la transforma en un material mucoso. Su alta concentración
es lo que hace que la bilis sea el potente fluido digestivo que es.
Las paredes musculares de la vesícula se constriñen y liberan bilis
cuando el duodeno recibe comida ácida y productos proteínicos
procedentes del estómago. Si la comida que llega al duodeno tiene una alta
proporción de grasas, se nota un incremento en la actividad. Las sales
biliares en la bilis se usan para crear una emulsión que facilite la digestión
de la grasa. Una vez que las sales biliares han hecho su trabajo y han
dejado a la grasa emulsificada y lista para su absorción intestinal,
continúan su viaje través del intestino. La mayoría de ellas se reabsorben
en la sección final del intestino delgado y retorna al hígado. Una vez ahí,
se integran nuevamente a la bilis para ser secretadas al duodeno de nueva
cuenta. (Nota: la congestión intestinal reduce dramáticamente la cantidad
de sales biliares necesarias para la correcta digestión de grasas y la
producción de bilis).
Los cálculos biliares pueden estar hechos de colesterol, calcio o
pigmentos como la bilirrubina principalmente. El colesterol es el elemento
más frecuente, pero algunas de estas piedras pueden tener una
composición mixta. Aparte de colesterol, calcio, y pigmentos biliares,
pueden tener sales biliares, agua y mucosas, así como toxinas, bacteria y,
algunas veces, parásitos muertos. Por lo general, las piedras en la vesícula
crecen en tamaño durante ocho años antes de que los síntomas empiecen a
aparecer.

Ubicación de la vesícula

Las piedras más grandes son generalmente calcificadas y se pueden
detectar fácilmente a través de procesos radiológicos o ultrasonidos. El
85% los cálculos biliares en centros en la vesícula miden
aproximadamente 2 cm. de diámetro (ver Figura 6a), aunque algunas
pueden llegar a medir hasta 6 cm. de diámetro (ver Figuras 6b y 6c de un
cálculo biliar calcificado que yo personalmente examiné y fotografié
momentos después de haber sido arrojado por un cliente en su novena
limpieza hepática; la piedra emitió un olor extremadamente nocivo). Se
forman cuando, debido las razones explicadas en el capítulo 3, la bilis en
la vesícula se vuelve demasiado saturada, y sus componentes sin absorber
comienzan a endurecer.
Si un cálculo biliar sale de la vesícula y se aloja en el conducto quístico
o en el conducto biliar común, hay un fuerte espasmo en la pared del
conducto (ver Figura 3). Esta contracción ayuda a la piedra a seguir
avanzando. Esto causa un intenso dolor conocido como cólico biliar y
provoca, a su vez, una distensión considerable en la vesícula. Si la
vesícula tiene muchos cálculos biliares, también comenzará a tener
dolorosas contracciones musculares.
Los cálculos biliares pueden causar irritación e inflamación de las paredes internas de la vesícula, así como del conducto quístico y biliar común. Esta condición recibe el nombre de colecistitis. También puede haber una infección microbiana. También es común encontrar ulceración en los tejidos entre la vesícula y el duodeno o el colon, con formación de fístulas y adhesiones fibrosas.

Cálculos biliares en una vesícula disectada

Las enfermedades de la vesícula generalmente tienen su origen en el
hígado. Cuando los lóbulos hepáticos se distorsionan estructuralmente
debido a la presencia de cálculos biliares, eventualmente, tejido fibroso, la
presión sanguínea comienza elevarse en la vena portal. Esto, a su vez,
incrementa la presión sanguínea en la vena que drena la sangre venosa de
la vesícula hacia la vena portal. Esta incompleta eliminación de productos
de desechos a través del conducto quístico causa una acumulación de
desperdicio ácido en los tejidos de la vesícula. Esto gradualmente reduce
el desempeño en la vesícula. La formación de cálculos biliares se dará en
cuestión de tiempo.

Enfermedades Intestinales

El intestino delgado se une con el estómago en el esfínter pilórico y tiene una longitud entre 5-6 metros. Conduce al intestino grueso, el cual tiene una longitud entre 1-1.5 metros. El intestino delgado secreta jugos intestinales para completar la digestión de los carbohidratos, las proteínas y las grasas. También absorben los nutrientes necesarios para alimentar y mantener el cuerpo, lo protege de infecciones microbiana que hayan sobrevivido al ácido clorhídrico del estómago.

Un cálculo biliar calcificado muy grande arrojado

sin dolor durante la limpieza hepática.

La misma piedra, pero partida a la mitad

Cuando la comida ácida (quimo) del estómago llega al duodeno,
primero se mezcla con bilis y jugos pancreáticos, y después con los jugos
intestinales. Los cálculos biliares en el hígado y la vesícula reducen
dramáticamente la secreción de bilis, lo cual debilita la habilidad de las
enzimas pancreáticas para digerir los carbohidratos, las proteínas y las
grasas. Esto, a su vez, restringe al intestino delgado de absorber
correctamente los componentes nutricionales de estas comidas (los
monosacáridos de los carbohidratos, los aminoácidos de las proteínas, y
los ácidos grasos y glicerol de las grasas).
Dado que la presencia de bilis en los intestinos es esencial para la
absorción de grasas, calcio y vitamina K., los cálculos biliares pueden
resultar en enfermedades mortales, como las cardiacas, la osteoporosis y
el cáncer. El hígado usa la vitamina K soluble en grasas para producir los
compuestos responsables de la coagulación de la sangre. En caso de una
pobre absorción de vitamina K, el resultado pueden ser enfermedades
hemorrágicas. Esta vitamina no puede ser correctamente absorbida, si
hay algún problema con la digestión de grasas, debido a una falta de bilis,
lipasa pancreática, y una cierta cantidad de grasa pancreática. Por esta
razón, el mantener una dieta baja en grasas puede poner su vida en peligro.
El calcio es esencial para el endurecimiento de los huesos y dientes, la
coagulación de la sangre y el mecanismo de las contracciones musculares.
Lo que es aplicable a la vitamina K, también es aplicable al resto de las
vitaminas solubles en grasas, incluyendo la vitamina A, E y D. La
vitamina A y el caroteno también se absorben en cantidad suficiente en el
intestino delgado si la absorción de grasas es normal. Si la absorción de
vitamina A es ineficiente, se pone en riesgo a las células epiteliales. Estas
células son parte esencial de todos los órganos, vasos sanguíneos, vasos
linfáticos, etc. en el cuerpo. También se necesita la vitamina A para
mantener unos ojos saludables y como protección o para reducir
infecciones microbianas. La vitamina D es esencial para la calcificación
de los huesos y dientes. En este punto, debo mencionar que el tomar
suplementos vitamínicos no resuelve el problema de la deficiencia. Para
resumir, sin secreciones biliares normales, estas vitaminas no son
digeridas y absorbidas correctamente, y por lo tanto, se puede causar un
severo daño a los sistemas linfático y urinario.
Las comidas que no han sido digeridas correctamente tienden a
fermentarse y descomponerse en los intestinos delgado y grueso. Atraerán
una gran cantidad de bacteria para ayudar en el proceso de
descomposición. Los productos resultantes y los químicos producidos por
la bacteria son generalmente muy tóxicos. Todo esto irrita a las mucosas, las cuales son una de las principales líneas de defensa del cuerpo contra
los agentes causantes de enfermedades. La constante exposición frente a
estas toxinas inhibe el sistema inmunológico del cuerpo, del cual el 60%
se encuentra en los intestinos. Como consecuencia de la constante
sobrecarga de toxinas, los intestinos delgado y grueso pueden enfrentarse
a un número de enfermedades, incluyendo la diarrea, el estreñimiento,
los gases, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedades
diverticulares, hernias, pólipos, disentería, apendicitis, vólvulos,
intususcepciones, así como a tumores benignos y malignos.
Un buen flujo de bilis mantiene la buena digestión y la absorción de
comida, y tiene una fuerte acción limpiadora a lo largo del tracto
intestinal. Cada parte del cuerpo depende de los nutrientes básicos
disponibles a través del sistema digestivo, así como de la eficiente
remoción de los productos de desechos del mismo. Los cálculos biliares en
el hígado y la vesícula interrumpen ambos procesos vitales. Por lo tanto,
pueden ser considerados como los culpables de, sino todos, muchos de los
diferentes tipos de enfermedades que afectan al cuerpo. El remover los
cálculos biliares ayuda a normalizar las funciones digestivas, mejora el
metabolismo celular y mantiene un equilibrio en todo el cuerpo.

Desórdenes Del Sistema Circulatorio

Para mejorar la descripción, he dividido al sistema circulatorio en dos
partes, el sistema circulatorio sanguíneo y el sistema linfático. El sistema
circulatorio sanguíneo está formado por el corazón, el cual actúa como una
bomba, y los vasos sanguíneos, a través de los cuáles circula la sangre.
El sistema linfático consiste de los nodos linfáticos y los vasos linfáticos a través de los cuales fluye la incolora linfa. Hay tres veces más fluidos linfáticos que sangre en el cuerpo. La linfa toma los productos de desechos de las células y los remueve del cuerpo.
El sistema linfático es el sistema circulatorio primario utilizado por todas las células inmunológicas: los macrófagos, las células T, las células B, los linfocitos, etc. Es necesario un sistema linfático libre de obstrucciones para mantener la homeostasis.
Enfermedades Cardiacas
Los ataques cardiacos son la mayor causa responsable de la muerte de muchos norteamericanos. Aunque aparece repentinamente, un ataque
cardiaco es en realidad la etapa final de un insidioso desorden que tardó
años en desarrollarse. Este desorden se conoce como coronariopatía. Dado
que esta enfermedad sólo aparece en las naciones más prósperas y en rara
ocasión fue la causa de muerte antes del año 1900, tenemos que
responsabilizar a nuestro estilo de vida moderno, comidas poco naturales y
hábitos alimenticios desequilibrados de los males cardiacos que afectan a
la sociedad moderna. Pero mucho antes de que el corazón comience a
descomponerse, el hígado pierde gran parte de su vitalidad y eficiencia.
El hígado tiene influencia sobre todo el sistema circulatorio, incluyendo
el corazón. De hecho, es el protector número uno del corazón. Bajo
circunstancias normales, el hígado desintoxica y purifica la sangre venosa
que llega a través de la vena portal desde la parte abdominal del sistema
digestivo, el bazo y el páncreas. Además de procesar el alcohol, el hígado
detoxifica sustancias nocivas, como las toxinas producidas por los
microbios. También mata bacteria y parásitos, y neutraliza ciertos
compuestos de las medicinas con la ayuda de enzimas específicas. Una de
las hazañas más ingeniosas del hígado es el remover la porción de
nitrógeno de los aminoácidos, dado que nos es requerida para la creación
de nuevas proteínas. La urea se forma a partir de este producto de
desecho. La urea termina en el torrente sanguíneo y se secreta en la orina.
El hígado también descompone la nucleoproteína (núcleo) de las células
desgastadas en el cuerpo. El producto resultado de este proceso es el ácido
úrico, el cual también es secretado con la orina.
El hígado filtra más de un cuarto de galón de sangre por minuto,
dejando solamente al dióxido de carbono para ser eliminado por los
pulmones. Después de ser purificada en el hígado, la sangre pasa a través
de la vena hepática hacia la vena cava inferior para luego llegar a la parte
derecha del corazón (ver Figura 7). De ahí, la sangre venosa llega a los
pulmones, donde sucede el intercambio de gases: se secreta el dióxido de
carbono y se absorbe oxígeno. Después de abandonar los pulmones, la
sangre oxigenada pasa al lado derecho del corazón. Desde ahí es
bombeada hacia la aorta. La aorta provee de sangre oxigenada a todos los
tejidos del cuerpo.
Los cálculos biliares, en los conductos biliares del hígado, distorsionan
la estructura básica de los lóbulos. En consecuencia, los vasos sanguíneos
proveedores de estas unidades hepáticas desarrollan problemas, lo cual
reduce el suministro interno de sangre. Las células hepáticas se dañan, y
desechos celulares dañinos comienzan entrar en el torrente sanguíneo.
Esto aumenta la debilidad hepática para detoxificar la sangre. El resultado es que más sustancias se retienen en el hígado y la sangre. Un hígado
congestionado puede obstruir el flujo de la sangre venosa al corazón,
provocando arritmias o incluso ataques cardiacos. Es obvio que las toxinas
que no son neutralizadas por el hígado, terminan dañando al corazón y la
red de vasos sanguíneos.

La manera en que el hígado filtra la sangre
Otra consecuencia del desarrollo de esta enfermedad es que las
proteínas de las células muertas (aproximadamente 30 billones por día) y las proteínas de la comida sin usar no son lo suficientemente
metabolizadas, resultando en el incremento de la concentración de
proteínas en la sangre. En consecuencia, el cuerpo intenta almacenar estas
proteínas en las membranas base de las paredes de los vasos sanguíneos
(mayores explicaciones de esto se dan a continuación). Toda vez que la
capacidad de almacenamiento de proteínas del cuerpo se agota, las
proteínas sobrantes son obligadas a permanecer en el torrente sanguíneo.
Esto puede provocar que el número de glóbulos rojos aumente, elevando
el hematocrito, o volumen de células en la sangre, a los niveles anormales.
La concentración de hemoglobina en los glóbulos rojos también comienza
a incrementarse, provocando la complexión roja de la piel, particularmente
en la cara y pecho. (La hemoglobina es una proteína compleja que se
combina con el oxígeno en los pulmones y lo transporta a todas las células
del cuerpo). Como resultado, los glóbulos rojos crecen y se vuelven
demasiado grandes para pasar por los pequeños canales de la red capilar.
Obviamente, esto causa que la sangre se vuelva demasiado gruesa y lenta,
incrementando su tendencia hacia la coagulación (las plaquetas que se
quedan juntas).
La formación de coágulo sanguíneo se considera como la principal
causa de riesgo para los ataques cardiacos o apoplejías. Dado que la grasa
no tiene características volantes, este riesgo emana principalmente de la
alta concentración de proteínas en la sangre. Los investigadores han
descubierto que la homocisteína (HC), un aminoácido que contiene
sulfuro, es el promotor de los pequeños coágulos que inician el daño
arterial y el daño catastrófico que precipita la mayoría de los ataques
cardiacos y apoplejías (Ann Clin & Lab Sci, 1991 y Lancet 1981). Por
favor note que la HC es 40 veces más predecible que el colesterol en la
estimación del riesgo de enfermedades cardiovasculares. La HC aparece
del metabolismo normal del aminoácido metionina -abundante en las
carnes rojas, la leche y los productos lácteos. La alta concentración de
proteínas en la sangre, inhibe la constante distribución de nutrientes
importantes, especialmente agua, la glucosa y oxígeno a las células. [Nota:
la alta concentración de proteínas en la sangre puede causar deshidratación
de la sangre, es decir, el engrosamiento de la sangre-una de las principales
causas de la alta presión y las enfermedades cardiacas]. Las proteínas
también afectan la completa eliminación de los productos básicos de
desecho metabólico (ver sección sobre la Pobre Circulación…). Todos
estos factores combinados obligan al cuerpo a elevar su presión sanguínea.
Esta condición, la cual se conoce comúnmente como hipertensión, reduce
el efecto dañino del engrosamiento de la sangre, hasta cierto punto.

Sin embargo, esta respuesta a una situación no natural estresa y daña los vasos
capilares.
Una de las prácticas más eficientes del cuerpo para evitar el peligro de
un inminente ataque cardiaco es el sacar a las proteínas del torrente
sanguíneo y almacenarlas en otro lugar, por lo menos de manera
momentánea (ver Figura 8). El único lugar donde la proteína puede
almacenarse en grandes cantidades es en la red de vasos capilares. Las
paredes capilares pueden absorber la mayor parte de las proteínas
sobrantes.

Aquí se reconstruye la proteína y se transforma en fibra de
colágeno, la cual es 100% proteína, y se almacena en las membranas base.
Las membranas base tienen la capacidad de incrementar su grosor en 10
veces antes de agotar su capacidad de almacenamiento de proteínas. Pero
esto también significa que las células en el cuerpo no podrán recibir las
cantidades adecuadas de oxígeno y otros nutrientes básicos. Las células
afectadas por esta ‘inanición en proceso’ también pueden incluir células
que forman los músculos del corazón.

El resultado es una debilidad cardiaca y un desempeño reducido del corazón, y por supuesto, cualquier
tipo de enfermedad degenerativa, incluyendo el cáncer.
Cuando ya no se puede almacenar proteínas en las paredes capilares,
las membranas base de las arterias también comienzan a absorber
proteínas. El efecto benéfico de esta acción es que la sangre permanece lo
suficientemente delgada como para evitar el riesgo de un ataque cardiaco,
al menos por cierto tiempo. Pero eventualmente, la misma táctica que
previene la muerte daña las paredes de los vasos capilares (sólo los
mecanismos primarios de supervivencia del cuerpo no acarrean efectos
secundarios importantes). La pared interior de las paredes arteriales se
vuelve gruesa y áspera, como óxido en una tubería de agua. Las grietas,
heridas y lesiones comienzan a aparecer en diferentes lugares.

El daño a los vasos capilares más pequeños es reparado por las
plaquetas sanguíneas. Ellas liberan la hormona serotonina, la cuál ayuda a
constreñir los vasos sanguíneos y reducir el sangrado. Pero las heridas de
mayor tamaño, como las que se encuentran típicamente en las coronarias
dañadas, no pueden ser selladas simplemente con plaquetas; requieren un
complejo proceso de coagulación sanguínea en el cuerpo. Sin embargo, si
un coágulo de sangre se suelta, puede entrar al corazón y causar un infarto
del miocardio, comúnmente llamado ataque cardiaco. [Un coágulo que
llega el cerebro resulta en una apoplejía. Un coágulo que tapa la apertura
hacia las arterias pulmonares, las cuales entregan la sangre usada a los
pulmones, puede ser fatal.]

Las etapas iniciales de las enfermedades cardiacas.

Para prevenir el peligro, el cuerpo usa un arsenal de primeros auxilios,
incluyendo la liberación de la lipoproteína 5 (LP5), un químico sanguíneo.
Debido a su naturaleza pegajosa, la LP5 funciona como un curita y crea un
sello más firme alrededor de las heridas. Como una secundaria, pero
igualmente importante, operación de rescate, el cuerpo envía cierto tipo de
colesterol a los lugares dañados (mayor explicación en la sección “alto
colesterol”). Esto hace las veces de una venda más confiable. Pero dado
que los depósitos de colesterol no son protección suficiente, también se
comienza a construir tejido conectivo y células musculares suaves dentro
del vaso capilar. Estos depósitos, también llamados placas
ateroscleróticas, pueden, con el tiempo, obstruir completamente las arterias, impidiendo el flujo de la sangre y promoviendo la formación de
los mortales coágulos sanguíneos. Cuando se suspende el suministro de
sangre al corazón, la actividad del músculo cardiaco se detiene, y el
resultado inevitable es un ataque cardiaco. A pesar de que la destrucción
gradual de vasos capilares, conocida como arteriosclerosis, inicialmente
protege la vida de una persona de un ataque cardiaco producido por
coágulos sanguíneos, con el tiempo también se vuelve responsable de
causarlos.

Alto Colesterol

El colesterol es un material de construcción celular esencial en el
cuerpo, y se requiere para todos los procesos metabólicos. Es
particularmente importante en la producción de tejido nervioso, bilis y
ciertas hormonas. En promedio, nuestro cuerpo produce entre medio y 1 g
de colesterol diariamente, dependiendo de la cantidad que el cuerpo
necesite en un momento determinado. Definitivamente, nuestro cuerpo es
capaz de producir 400 veces más colesterol diariamente que lo que
obtendríamos de comer 100 g de mantequilla. Los principales productores
de colesterol son el hígado y el intestino delgado, en ese orden.
Normalmente, el colesterol puede liberarse directamente en el torrente
sanguíneo, donde es instantáneamente atrapado por las proteínas
sanguíneas.

Esas proteínas, las cuales se llaman lipoproteínas, están a
cargo de transportar el colesterol a sus numerosos destinos. Existen tres
tipos principales de lipoproteínas a cargo de transportar colesterol: la
lipoproteína de baja densidad (LDL), la lipoproteína de muy baja
densidad (VLDL), y la lipoproteína de alta densidad (HDL).
En comparación con el HDL, el cual ha sido privilegiado con el nombre de colesterol ‘bueno’, el LDL y VLDL son moléculas de colesterol relativamente grandes; de hecho, son las más ricas en colesterol. Hay una buena razón para su tamaño, a diferencia de su primo más chico, el cual fácilmente pasa través de las paredes de los vasos capilares, los tipos de colesterol LDL y VLDL están diseñados para tomar otro camino; abandonando el torrente sanguíneo en el hígado.

Los vasos capilares que suministran al hígado tienen una estructura
diferente de aquéllos que suministran otras partes en el cuerpo. Se les
conoce como sinusoides. Su estructura cuadricular única en el cuerpo,
permite que las células hepáticas reciban el contenido sanguíneo en su
totalidad, incluyendo las moléculas de colesterol grandes. Las células hepáticas reconstruyen el colesterol y lo secretan junto con la bilis hacia
los intestinos.

Una vez que el colesterol entra en los intestinos, se combina
con las grasas, y es absorbido por la linfa para entrar en la sangre, en ese
orden. Los cálculos biliares en los conductos biliares del hígado inhiben el
flujo de bilis, y parcialmente, o incluso totalmente, bloquean la ruta de
escape del colesterol. Debido a la presión que se crea en las células
hepáticas, la producción de bilis baja.

Típicamente, un hígado saludable produce más de un cuarto de galón de bilis por día. Cuando los principales conductos biliares están bloqueados, cuando mucho será una taza de bilis,
o quizá menos, la que encontrará su camino hacia los intestinos. Esto
previene que mucho del colesterol VLDL y LDL se secrete con la bilis.
Los cálculos biliares en los conductos biliares hepáticos distorsionan la
estructura de los lóbulos del hígado, dañando y congestionando las
sinusoides. Los depósitos excesivos de proteínas también cierran las
rejillas de estos vasos sanguíneos (vea más sobre este tema en la sección
anterior). Mientras que el colesterol ‘bueno’ o HDL tiene moléculas
suficientemente pequeñas para dejar el torrente sanguíneo a través de los
capilares ordinarios, las moléculas más grandes de LDL y VLDL se
quedan más o menos atrapadas en la sangre. El resultado es que las
concentraciones de ambos, LDL y VLDL, comienzan a elevarse en la
sangre a niveles que pudieran ser potencialmente dañinos para el cuerpo.
Sin embargo, este escenario es simplemente una parte de los intentos de
supervivencia del cuerpo. Se necesita el colesterol sobrante para reparar el
creciente número de grietas y heridas que aparecen como resultado de la
excesiva acumulación de proteínas en las paredes de los vasos capilares.

Eventualmente, este colesterol de rescate comienza a obstruir los vasos
capilares y a detener el suministro de oxígeno al corazón.
Agregando a las complicaciones, el reducido flujo de bilis inhibe la
digestión de la comida, particularmente las grasas. Por lo tanto, no hay
suficiente colesterol disponible para las células del cuerpo y sus procesos
metabólicos básicos. Dado que las células hepáticas ya no reciben la
suficiente cantidad de moléculas de LDL y VLDL, ellas (las células
hepáticas) suponen que la sangre tiene deficiencias de estos tipos de
colesterol.

Esto estimula a las células hepáticas para incrementar la
producción de colesterol, aumentando aún más los niveles de colesterol
LDL y VLDL en la sangre.
Este colesterol ‘malo’ queda atrapado en el sistema circulatorio porque
sus rutas de escape, los conductos biliares y los sinusoides hepáticos, están
bloqueados o dañados. La red capilar y arterial atrapa la mayor cantidad
de colesterol ‘malo’ posible en sus paredes. En consecuencia, las arterias se vuelven rígidas y duras.

Las enfermedades coronarias, sin importar si son el resultado de fumar,
el beber excesivas cantidades de alcohol, comer demasiadas comidas
proteínicas, estrés, o cualquier otro factor, por lo general no aparecen a
menos que cálculos biliares hayan dañado los conductos biliares del
hígado.

El remover los cálculos biliares del hígado y la vesícula puede, no
sólo prevenir un ataque cardiaco o infarto, sino también revertir las
enfermedades coronarias y el daño al músculo cardiaco. La respuesta del
cuerpo frente a situaciones de estrés se vuelve menos dañina, y los niveles
de colesterol comienzan a normalizarse, a medida que los lóbulos
hepáticos dañados y distorsionados se regeneran.

Los medicamentos para
reducir de colesterol no pueden hacer esto. Ellos reducen el colesterol en
la sangre de manera artificial, provocando que el hígado produzca aún más
colesterol. Sin embargo, cuando esté colesterol extra pasa por los
conductos biliares, permanece en un estado cristalino (diferente a su
estado soluble) y, por lo tanto, se convierte en cálculos biliares. Las
personas que usan medicamentos para bajar el colesterol de manera
regular, por lo general desarrollan un gran número de cálculos biliares.
Esto los sitúa en una posición donde efectos secundarios importantes
pueden aparecer, incluyendo el cáncer y las enfermedades cardiacas.

El colesterol es esencial para el funcionamiento normal del sistema inmunológico, particularmente las respuestas del cuerpo a los millones de células de cáncer producidas diariamente en el cuerpo de toda persona. Para todos los problemas de salud asociados al colesterol, esta importante sustancia es algo que no deberíamos intentar eliminar de nuestros cuerpos. El colesterol es más benéfico que perjudicial. El daño es generalmente un síntoma de otros problemas. Quiero enfatizar, una vez más, que el colesterol ‘malo’ sólo se adhiere a las paredes de las arterias para prevenir un problema cardiaco inmediato, no para crearlo.

Esto se confirma con el hecho de que el colesterol nunca se adhiere a
las paredes de las venas. Cuando un médico determina su nivel de
colesterol, simplemente toma una muestra de sangre de una vena, no de
una arteria. Dado que el flujo sanguíneo es mucho más lento en las venas
que las arterias, el colesterol debería obstruir las venas más rápido que las
arterias, pero nunca lo hace. Simplemente no hay necesidad de ello. ¿Por
qué? Porque en el recubrimiento de las venas no se encuentran abrasiones
ni rasgaduras que requieren reparación.

El colesterol solamente se adhiere
a las arterias para cubrir las abrasiones y proteger al tejido subyacente
como un curita resistente al agua. Las venas no absorben proteínas en sus
membranas base, a diferencia de los vasos capilares y las arterias y, por lo tanto, no son sujetas a este tipo de lesiones.

El colesterol ‘malo’ salva vidas; no las toma. El LDL permite que la
sangre fluya a través de los vasos sanguíneos dañados sin causar una
situación que ponga en riesgo la vida. La teoría del LDL alto como la
principal causa de enfermedades coronarias aún no se comprueba y es
poco científica. Se ha confundido a la población al hacernos creer que el
colesterol es un enemigo al cual se tiene que combatir y destruir a
cualquier costo. Los estudios en humanos no han demostrado la relación
causa-efecto entre el colesterol y las enfermedades cardiacas. Los cientos
de estudios realizados al día de hoy sobre esta relación, solamente han
demostrado que hay una correlación estadística entre ambas.

Y debe haberlo, porque si no hubiera moléculas de colesterol ‘malo’ adhiriéndose
a las arterias lesionadas, tendríamos millones más de muertes provocadas
por ataques cardiacos que las existentes. Por otra parte, docenas de
estudios concluyentes han demostrado que el riesgo de enfermedades
cardiacas se incrementa significativamente en aquellas personas cuyos
niveles de HDL disminuyen. Un colesterol LDL elevado, no es una causa
de enfermedades cardiacas; por el contrario, es una consecuencia de un
hígado desequilibrado y un sistema circulatorio deshidratado y
congestionado.

Si su médico le ha dicho que reducir su nivel de colesterol con medicamentos le protege contra ataques cardiacos, usted ha recibido información errónea. El medicamento número uno para reducir el colesterol es Lipitor. Le sugiero que lea las siguientes indicaciones de advertencia presentadas en el sitio Internet oficial de Lipitor:

“Las tabletas de LIPITOR® (atorvastatina) son un medicamento utilizado junto con un régimen alimenticio para reducir el colesterol. LIPITOR no puede ser utilizado por cualquier persona, incluyendo aquellos con enfermedades hepáticas o posibles problemas hepáticos, y mujeres que están lactando, están embarazadas, o pueden quedar embarazadas. LIPITOR no ha demostrado que puede prevenir las enfermedades cardiacas o los ataques cardiacos.

“Si usted toma LIPITOR, notifique a su médico cualquier dolor o debilidad muscular inusual. Esto puede ser una señal de severos efectos secundarios. Es muy importante avisarle a su médico sobre cualquier medicamento que usted esté tomando para prevenir cualquier interacción seria entre medicamentos…”

Mi pregunta es, “¿por qué arriesgar la salud o la vida de una persona al
prescribir un medicamento que no tiene ningún efecto en la prevención del
problema para el cual se prescribe?” La razón por la cual la reducción de los niveles de colesterol no puede prevenir las enfermedades cardiacas se
debe a que el colesterol no causa las enfermedades cardiacas.

El tema más importante es cómo una persona puede usar el colesterol y demás grasas del cuerpo de manera eficiente. La habilidad del cuerpo para digerir, procesar y utilizar estas grasas depende en que los conductos biliares del hígado se encuentren claros y libres de obstrucciones. Cuando el flujo biliar no presenta restricciones y esta equilibrado, los niveles de LDL y HDL también estarán equilibrados.

Por lo tanto, el mantener los conductos biliares abiertos es la mejor prevención contra las enfermedades cardiacas.

Pobre Circulación,

Crecimiento del Corazón y el Bazo,

Venas Varicosas,

Congestión Linfática,

Desequilibrio Hormonal

Los cálculos biliares en el hígado pueden resultar en una pobre
circulación sanguínea, crecimiento del bazo y el corazón, várices, vasos
linfáticos congestionados y desequilibrio hormonal. Toda vez que los
cálculos biliares han crecido lo suficiente para distorsionar seriamente el
marco estructural de los lóbulos (unidades) del hígado, el flujo sanguíneo
a través del hígado se vuelve difícil. Esto no sólo aumenta la presión de la
sangre venosa en el hígado, sino también en todos los órganos y áreas del
cuerpo que drenan la sangre utilizada a través de sus respectivas venas
hacia la vena portal en el hígado.

El flujo restringido de la sangre en la
vena portal del hígado causa congestión, particularmente en el bazo,
estómago, parte distal del esófago, páncreas, vesícula, el intestino grueso y
delgado. Esto puede resultar en el crecimiento de estos órganos, una
reducción en su habilidad para remover los productos de desperdicio
celular y tapar sus respectivas venas.

Una vena varicosa es aquella que está tan dilatada que sus válvulas no
cierran lo suficiente como para prevenir que la sangre fluya. La presión
sostenida en las venas en la intersección del recto y el ano en el intestino
grueso conduce al desarrollo de hemorroides.

Otros sitios comunes para
las venas varicosas son las piernas, el esófago y el escroto. La dilatación
de las venas y vénulas (pequeñas venas) puede ocurrir en cualquier parte
del cuerpo. Esto siempre es indicación de un flujo sanguíneo obstruido.2
La pobre circulación de la sangre través del hígado también afecta al
corazón. Cuando los órganos del sistema digestivo se debilitan con el
incremento en la presión venosa, se congestionan y comienzan acumular desechos tóxicos, incluyendo escombros de las células que se han
procesado.

El bazo crece a consecuencia del manejo de la carga de trabajo
extra relacionada con la remoción de las células sanguíneas dañadas o
desgastadas. Esto reduce la circulación de la sangre hacia y desde los
órganos del sistema digestivo, lo cual estresa al corazón, eleva la presión
sanguínea y daña los vasos sanguíneos.

La parte derecha del corazón,
que recibe la sangre venosa a través de la vena cava inferior desde el
hígado y las demás partes debajo de los pulmones, se sobrecarga con
material tóxico, que algunas veces es infeccioso. Esto eventualmente
causa el crecimiento de la parte derecha del corazón.

Casi todos los tipos de enfermedades cardiacas tienen a una cosa
común: hay una obstrucción del flujo sanguíneo. Sin embargo, la
circulación de la sangre no se interrumpe fácilmente. Debe estar precedida
por una severa congestión de los conductos biliares en el hígado. Los
cálculos biliares que obstruyen los conductos biliares reducen
dramáticamente o cortan el flujo sanguíneo a las células hepáticas. Un
reducido flujo sanguíneo a través del hígado, afecta al flujo sanguíneo en
todo el cuerpo, lo cual, su vez, tiene efectos que van en detrimento del
sistema linfático.

El sistema linfático, el cual está íntegramente relacionado con el
sistema inmunológico, ayuda a limpiar al cuerpo de los productos y
desechos metabólicos dañinos, materiales extraños y residuos celulares.
Todas las células liberan desechos metabólicos hacia, y toman nutrientes
desde, una solución que le rodea, llamada fluido extracelular o tejido
conectivo.

El grado de alimentación y eficiencia de las células depende de
que tan eficiente y rápidamente se remueva el material de desecho del
fluido extracelular. Dado que la mayoría de los productos y desechos no
pueden llegar directamente a la sangre para su excreción, se acumulan en
el fluido extracelular hasta que son removidos y neutralizados por sistema
linfático.

Este material potencialmente dañino es filtrado y neutralizado
por los nodos linfáticos, que están estratégicamente localizados a lo largo
del cuerpo. Una de las principales funciones del sistema linfático es
mantener el fluido extracelular libre de sustancias tóxicas, lo que hace que
este sistema tenga mucha importancia.

La pobre circulación de la sangre en el cuerpo causa una sobrecarga del
material de desecho dañino y extraño en los tejidos extracelulares, y en
consecuencia, en los vasos y nodos linfáticos. Cuando el drenaje linfático
disminuye o se obstruye, la glándula del timo, el bazo y las amígdalas
comienzan a deteriorarse rápidamente. Estos órganos forman una parte
importante el sistema de purificación e inmunidad del cuerpo. Además, los microbios que habitan en los cálculos biliares pueden ser una constante fuente de infecciones recurrentes en el cuerpo, lo que puede hacer que los sistemas linfático e inmunológico se vuelvan inefectivos frente a infecciones más serias, como la mononucleosis infecciosa, las paperas, la fiebre tifoidea, la tuberculosis, la sífilis, etc.

Debido al restringido flujo biliar en el hígado y la vesícula, el intestino
delgado también restringe su capacidad para digerir comida
correctamente. Esto permite que una cantidad sustancial de materia de
desecho y sustancias venenosas, como la cadaverina y la putrescina
(productos procesados de comida fermentada y purificada), comiencen a
fijarse hacia los canales linfáticos.

Estas toxinas, junto con las grasas y las
proteínas, entran en el vaso linfático más grande del cuerpo, llamado
conducto torácico, a la altura de la cisterna quili. La cisterna quili es una
dilatación linfática (en la forma de sacos), localizada al frente de las
primeras dos vértebras lumbares.

Las toxinas, los antígenos y las proteínas no digeridas de fuentes
animales, incluyendo el pescado, la carne, huevos y lácteos, causan que
estos sacos linfáticos se hinchen y se inflamen. Cuando las células de un
animal se dañan o mueren, lo que sucede segundos después de morir, sus
estructuras proteínicas son procesadas por encimas celulares.

Estas
proteínas llamadas ‘degeneradas’ son inútiles para el cuerpo, y se tornan
dañinas a menos de que sean propiamente removidas por el sistema
linfático. Su presencia por lo general provoca un incremento de la
actividad microbiana. Los virus, los hongos y la bacteria se alimentan en
estas aglutinaciones de desechos. En algunos casos, aparecen reacciones
alérgicas.

Cuando existe una congestión de los sacos linfáticos, las proteínas
celulares degeneradas del cuerpo mismo ya no pueden ser removidas
adecuadamente. El resultado es un edema linfático. Mientras permanece
acostado sobre sus espaldas, pueden sentirse los edemas linfáticos como
nudos duros, algunas veces tan grandes como un puño, en el área del
ombligo. Estas ‘piedras’ son una causa importante de dolores en las partes
baja y media de la espalda, e hinchazón abdominal, y, en efecto, de
muchos de los síntomas relacionados con la mala salud. Muchas personas
a quienes les ha crecido la ‘pancita’, consideran que esta extensión
abdominal es una molestia sin consecuencias o una parte natural del
envejecimiento. Lo que no reconocen, es que están alimentando una
‘bomba de tiempo’ viviente que puede detonar en cualquier momento,
dañando partes vitales del cuerpo.
El ochenta por ciento del sistema linfático está asociado con los intestinos, haciendo que esta área del cuerpo sea el más grande centro de
actividad inmunológica.

Esto no es coincidencia. La parte del cuerpo
donde se combate o se generan los agentes que causan las mayores
enfermedades es, de hecho, el tracto intestinal. Cualquier edema linfático,
u otro tipo de obstrucción en esta importante parte del sistema linfático,
conducen a complicaciones potencialmente serias en cualquier otra parte
del cuerpo.

La cisterna quili y el conducto torácico

Cuando un conducto linfático se obstruye, también aparece una
acumulación de linfa a cierta distancia de la obstrucción. En consecuencia,
los nodos linfáticos localizados en tales áreas ya no pueden neutralizar o
detoxificar adecuadamente los siguientes elementos: fagocitos vivos y
muertos y los microbios que hubiesen ingerido, tejido celular desgastado,
células dañadas por las enfermedades, productos de la fermentación,
pesticidas en la comida, partículas tóxicas inhaladas o congestionadas,
células de tumores malignos, y los millones de células de cáncer que cada
persona saludable genera diariamente. La incompleta destrucción de estos
elementos puede causar que los nodos linfáticos se inflamen, crezcan y se
congestionen con sangre. El material infectado puede entrar al torrente
sanguíneo, causando envenenamiento séptico y enfermedades agudas. En
muchos casos, sin embargo, el bloqueo linfático ocurre lentamente, sin
ningún síntoma, a parte de la hinchazón del abdomen, manos, brazos o
tobillos, o hinchazón en la cara y ojos.

Esto se conoce comúnmente como
‘retención de agua’, un precursor de enfermedades crónicas.
Una continua obstrucción linfática, generalmente conduce a
condiciones crónicas. Casi todas las enfermedades crónicas resultan de
congestión en la cisterna quili. Eventualmente, el conducto torácico, el
cual drena la cisterna quili, se sobrecarga con el constante flujo de
material tóxico y también se tapa. El conducto torácico esta ligado a otros,
numerosos conductos linfáticos que arrojan sus desperdicios al ‘drenaje’ torácico.

Dado que el conducto torácico tiene que
remover el 85% de los desperdicios celulares generados diariamente por el
cuerpo, así como otros materiales tóxicos, cualquier bloqueo en esta área
causa un reflujo de desechos hacia otras, más distantes partes en el cuerpo.

Cuando el desperdicio metabólico y celular generado diariamente no se remueve de alguna área del cuerpo durante cierto tiempo, los síntomas de las enfermedades comienzan a manifestarse. Las siguientes son unos pocos típicos ejemplos de algunos indicadores de enfermedades que resultan directamente de una congestión linfática crónica:

  • Obesidad, quistes en el útero y los ovarios,
  • crecimiento de la próstata,
  • reumatismo en las articulaciones,
  • crecimiento de la parte izquierda del corazón,
  • apoplejías,
  • bronquios y pulmones congestionados,
  • crecimiento del área del cuello,
  • rigidez en el cuello y hombros,
  • dolores de espalda,
  • dolores de cabeza,
  • migrañas, mareos,
  • vértigo,
  • sonido en los oídos,
  • dolores de oído,
  • sordera,
  • caspa,
  • gripes frecuentes,
  • sinusitis,
  • fiebre de heno,
  • ciertos tipos de asma,
  • crecimiento de la tiroides,
  • enfermedades de los ojos,
  • mala visión,
  • hinchazón de los senos,
  • cáncer del seno,
  • problemas renales,
  • dolores en la parte baja de la espalda,
  • hinchazón de las piernas y los tobillos, escoliosis,
  • desórdenes cerebrales,
  • pérdida de memoria,
  • problemas estomacales,
  • crecimiento del bazo,
  • síndrome del intestino irritable,
  • hernias,
  • pólipos en el colon, etc., etc.

El conducto torácico vacía su contenido en la vena subclaviana
izquierda, en la base del cuello. Esta vena entra en la vena cava superior,
la cual llega directamente al lado izquierdo del corazón. Además de
bloquear el correcto drenaje linfático de varios órganos o partes del
cuerpo, la congestión en la cisterna quili y el conducto torácico permite
que materiales tóxicos lleguen al corazón a través de las arterias cardiacas.

Esto provoca estrés al corazón. [Esto] también permite que estas toxinas y
agentes causantes de enfermedades entren a la circulación general y se
extiendan hacia otras partes del cuerpo. Raramente existe una enfermedad
que no sea causa de una obstrucción linfática. El bloqueo linfático, en la
mayoría de los casos, tiene su origen en un hígado congestionado (las
causas de los cálculos biliares en el hígado se discuten en el siguiente
capítulo). En alguna eventualidad extrema, puede aparecer el linfoma o
cáncer de la linfa, de los cuales, la enfermedad de Hodgkins es el tipo más
común.

Cuando el sistema circulatorio comienza a funcionar incorrectamente,
como resultado de la presencia de cálculos biliares en el hígado, el sistema
endocrino también se afecta. Las glándulas endocrinas producen
hormonas que pasan directamente de las células glandulares al torrente
sanguíneo, donde ejercen su influencia sobre la actividad del cuerpo, su
crecimiento y nutrición. Las glándulas afectadas más comúnmente por esta
congestión son la tiroides, la para-tiroides, la corteza adrenal, los ovarios y
los testículos.

Las funciones circulatorias severamente interrumpidas,
conducen al desequilibrio de las secreciones hormonales desde las Isletas
de Langerhans en el páncreas, y las glándulas pineal y pituitaria.
La congestión sanguínea, la cual se caracteriza por el engrosamiento de
la sangre, impide que las hormonas lleguen a sus destinos a lo largo del
cuerpo a tiempo y en cantidades suficientes. En consecuencia, las
glándulas entran en una fase de hiper-secreción (sobreproducción) de
hormonas. Cuando el drenaje linfático de las glándulas es ineficiente, las
glándulas, por sí mismas, se congestionan. Esto produce hipo-secreción
(falta) de hormonas. Las enfermedades relacionadas a los desequilibrios de
la glándula tiroides incluyen el bocio tóxico, la enfermedad de Graves,
el cretinismo, mixoedema, tumores en la tiroides, hipo-paratiroidismo,
el cual reduce la absorción de calcio y provoca cataratas, así como desórdenes de comportamiento y la demencia. La pobre absorción del
calcio en sí misma es responsable de numerosas enfermedades, incluyendo
la osteoporosis (pérdida de densidad del hueso). Si los problemas
circulatorios interrumpen la secreción de cantidades equilibradas de
insulina en las isletas pancreáticas de Langerhans, aparece la diabetes.

Sistema linfático y nodo linfático

Los cálculos biliares en el hígado pueden forzar a las células hepáticas
a disminuir la síntesis de proteínas. La reducción en la síntesis de
proteínas, a su vez, provoca que las glándulas adrenales produzcan
cantidades excesivas de cortisol, una hormona que estimula la síntesis de
proteínas.

Demasiada cortisol en la sangre provoca el incremento en la
atrofia del tejido linfático y de una respuesta inmunológica deprimida,
lo cual se considera como la principal causa del cáncer y muchas otras
enfermedades. Un desequilibrio en la secreción de hormonas adrenales
puede causar una gran variedad de desórdenes, ya que conduce a una
debilitada respuesta febril y a una reducida síntesis de proteínas. Las
proteínas son los principales bloques de construcción de tejido celular,
hormonas, etc. El hígado es capaz de producir diferentes hormonas. Las
hormonas determinan que tan bien crece y se alivia el cuerpo.

El hígado también inhibe ciertas hormonas, incluyendo la insulina, el
glucagon, el cortisol, la aldosterona, la tiroides, y hormonas sexuales. Los
cálculos biliares en el hígado afectan a esta vital función, la cual puede
incrementar las concentraciones hormonales en la sangre. El desequilibrio
hormonal es una condición muy severa, que puede aparecer fácilmente
cuando los cálculos biliares en el hígado han interrumpido las principales
avenidas circulatorias que también son pasos hormonales.

Las enfermedades se ausentan de manera natural cuando los flujos sanguíneos y linfáticos son normales y no tienen restricciones. Ambos tipos de problemas, circulatorios y linfáticos, pueden ser eliminados exitosamente a través de una serie de limpiezas hepáticas y pueden prevenirse siguiendo un estilo de vida y una dieta balanceada.

Desórdenes Del Sistema Respiratorio

La salud física y mental depende de la efectividad y vitalidad de las células en el cuerpo. La mayor parte de la energía requerida por estas células se deriva de reacciones químicas que solamente ocurren con la presencia de oxígeno. Uno de los productos de desecho resultantes es el dióxido de carbono. El sistema respiratorio provee las rutas mediante las cuales suficiente oxígeno ingresa al cuerpo, mientras se excreta dióxido de carbono. La sangre sirve como el sistema de transporte para el intercambio de estos gases entre los pulmones y las células.

Los cálculos biliares en el hígado pueden inhibir las funciones
respiratorias y causar alergias, desórdenes de la nariz y cavidades nasales y enfermedades de los bronquios y pulmones. Cuando los
cálculos biliares distorsionan los lóbulos (unidades) del hígado, la
habilidad del hígado para limpiar la sangre, intestinos delgados, sistema
linfático y sistema inmunológico se debilita. Los materiales de desechos y
sustancias tóxicas, normalmente inhabilitados por estos órganos y
sistemas, ahora comienzan a infiltrarse al corazón, pulmones, bronquios y
otros pasajes respiratorios.

La constante exposición a estos agentes
irritantes, reduce la resistencia del sistema respiratorio contra ellos. La
congestión linfática en la región abdominal, particularmente en el
conducto torácico y la cisterna quili, impide el correcto drenaje linfático
de los órganos respiratorios. La mayoría de los malestares respiratorios
aparecen como consecuencia de tales bloqueos linfáticos.

La neumonía aparece cuando las medidas de protección fallan en
prevenir a los microbios, inhalados o nacidos en la sangre, de llegar y
colonizan los pulmones. Los cálculos biliares albergan microbios dañinos,
así como material altamente tóxico e irritante, el cual puede entrar en la
sangre a través de las partes dañadas en el hígado. Los cálculos biliares
son, por lo tanto, una fuente constante de supresión inmunológica, lo que
deja el cuerpo, y particularmente al tracto respiratorio superior, susceptible
a factores, tanto internos y externos, causantes de enfermedades.

Estos
incluyen los microbios nacidos en la sangre o en el aire (considerados la
causa de la neumonía), el humo del cigarrillo, el alcohol, los rayos X, los
corticoesteroides, los antígenos, los contaminantes comunes, etc.
Mayores complicaciones respiratorias surgen cuando puñados de
cálculos biliares acumulados en los conductos biliares hepáticos producen
un crecimiento del hígado. El hígado, localizado en la parte superior de la
cavidad abdominal, ocupa casi todo el diámetro del cuerpo. Estas
superficies superiores y anteriores son suaves y curvas para poder
acomodarse debajo la superficie del diafragma.

Cuando crece, el hígado
obstruye el movimiento del diafragma y previene a los pulmones de
extenderse a su capacidad normal durante la inhalación. En contraste, un
hígado saludable permite que los pulmones se extiendan hacia la región
abdominal, aplicando presión en el abdomen. En consecuencia, el
abdomen se mueve hacia enfrente, como se puede ver, especialmente, en
los bebés saludables. Debido al incremento en la expansión del abdomen
durante la inhalación, la sangre y la linfa se mantienen presionadas y
elevadas hacia el corazón, lo cual ayuda mantener una correcta
circulación. Un hígado crecido previene la extensión total del diafragma y
los pulmones, lo que causa un intercambio reducido de gases en los
pulmones, la congestión linfática y la retención de cantidades excesivas de dióxido de carbono los pulmones. Esta toma restringida de oxígeno afecta las funciones celulares a través del cuerpo.

La mayoría de las personas en los países industrializados tienen el
hígado crecido. Lo que generalmente se considera como el tamaño normal
del hígado es, en realidad, demasiado grande. Una vez que todos los
cálculos biliares son removidos través de una serie de limpiezas hepáticas,
el hígado regresa a su tamaño natural en aproximadamente seis meses.
Casi todas las enfermedades de los pulmones, los bronquios y los pasajes respiratorio superiores son causados, o empeorados por los cálculos biliares en el hígado, y pueden mejorarse o curarse al eliminar estas piedras a través de la limpieza hepática.

Desórdenes Del Sistema Urinario

El sistema urinario es un muy importante sistema excretor del cuerpo.
Consiste de: dos riñones que crean y excretor orina; dos uréteres que
llevan la orina de los riñones a la vejiga urinaria; una vejiga urinaria
donde se reúne la orina y es temporalmente almacenada; y, una uretra a
través de la cual la orina se descarga de la vejiga hacia el exterior del
cuerpo (ver Figura 11).

El sistema urinario
El correcto funcionamiento del sistema urinario es esencial para mantener el equilibrio apropiado entre el agua y las sustancias disueltas en
ella, así como entre los ácidos y los álcalis. Este sistema también esta
involucrado en la eliminación de los productos de desecho resultantes de
la descomposición (catabolismo) de las proteínas celulares en el hígado,
por ejemplo.

La mayoría de las enfermedades de los riñones y otras partes del
sistema urinario están relacionadas con el desequilibrio en la filtración
simple en los riñones. Diariamente, los riñones crean entre 26-40 galones
(100-150 litros) de filtrado diluido. De estos, solamente se secretan como
orina entre 34-52 onzas (1-1.5 litros). Con la excepción de las células
sanguíneas, las plaquetas y las proteínas sanguíneas, el resto de los
componentes sanguíneos debe pasar a través de los riñones. El proceso de
filtración se interrumpe y debilita con el pobre desempeño del sistema
digestivo, y en particular del hígado.

Los cálculos biliares en el hígado y la vesícula reducen la cantidad de
bilis necesaria para digerir la comida correctamente. Gran parte de la
comida no digerida comienza fermentarse y descomponerse, dejando
materia tóxica en la sangre y la linfa. Las secreciones normales del cuerpo,
como la orina, el sudor, los gases y las heces fecales generalmente no
contienen productos de desecho generadores de enfermedades; esto es,
claro, siempre cuando los pasajes de eliminación permanezcan limpios y
sin obstrucciones. Los agentes causantes de enfermedades consisten de
pequeños moléculas que aparecen en la sangre y la linfa, y que pueden
verse solamente a través de poderosos microscopios electrones.

Sus estos moléculas tienen un fuerte efecto acidificante en la sangre.
Para prevenir enfermedades mortales o el coma, la sangre debe eliminar
estas pequeñas toxinas. Por consiguiente, desecha estos introducido
deseados al tejido conectivo de los órganos. El tejido conectivo es un
fluido lastimoso (linfa) que rodea las células. Las células se “bañan” en el
tejido conectivo.

Bajo circunstancias normales, el cuerpo sabe cómo tratar
el material de desecho ácidos que se ha depositado en el tejido conectivo.
Libera un producto alcalino, bicarbonato de sodio NaHCO3 en la sangre
para remover y neutralizar las toxinas ácidas y eliminarlas a través de los
órganos excretores. Este sistema de emergencia, sin embargo, comienza a
fallar cuando las toxinas son depositadas más rápido de lo que pueden ser
removidas y eliminadas. En consecuencia, el tejido conectivo puede
engrosarse como la mermelada; los nutrientes, el agua y el oxígeno ya no
puede pasar libremente y las células de los órganos comienzan a sufrir
desnutrición, deshidratación y deficiencia de oxígeno.

Algunos de los compuestos más ácidos son proteínas de comidas animales. Los cálculos biliares inhiben la habilidad del hígado para
metabolizar estas proteínas. El exceso de proteínas se almacenará
temporalmente al tejido conectivo y después se convierten fibras de
colágeno. Las fibras de colágeno se integran a las membranas base de las
paredes capilares. En consecuencia, las membranas base pueden tornarse
10 veces más gruesas de lo normal. Una situación similar ocurre en las
arterias.

A medida que se incrementa la congestión de las paredes de los
vasos capilares, un menor número de proteínas puede liberarse del torrente
sanguíneo. Esto conduce al engrosamiento de la sangre, haciendo que sea
más difícil para los riñones el filtrarla. Al mismo tiempo, las membranas
base de los vasos capilares que proveerá los riñones también se
congestionan.

A medida que este proceso de endurecimiento de las vasos
capilares aumenta, la presión arterial comienza elevarse y el desempeño
general de los riñones deciende. El constante incremento en las cantidades
de desecho metabólico explotado por las células de los riñones, eliminados
normalmente vía la sangre venosa y los conductos linfáticos, se detienen
y, por lo tanto, se incrementa el grosor de las membranas celulares.

Con todo esto, los riñones se sobrecargan y ya no puede mantener el
fluido normal y el equilibrio de los electrolitos. Además, puede haber la
precipitación de los componentes de la orina que crean cristales y piedras
de varios tipos y tamaños (ver figura 12a). Las piedras de ácido úrico, por
ejemplo, se forman cuando la concentración del ácido úrico en orina
excede el nivel de los 2-4 mg%. Esta cantidad aún se consideraba dentro
del rango de tolerancia hasta mediados de los sesentas. El ácido úrico es
un producto secundario de la proteína en el hígado.

Dado que la el
consumo de carne se incrementó dramáticamente en esa era, el nivel
“dentro de las normas” se ha ajustado a 7.5 mg%. Sin embargo este ajuste
aún no logra convertir al ácido úrico en una sustancia menos peligrosa
para el cuerpo. Las piedras formadas del exceso de ácido úrico (también
ver “piedras en la vejiga” en la figura 12b) conduce a la obstrucción
urinaria, la infección renal y, eventualmente, la falla renal.

A medida que las células de los riñones se ven desprovistas de los vitales nutrientes, incluyendo el oxígeno, como los tumores malignos comienzan a desarrollarse. Además, los cristales de ácido úrico que no son eliminados por los riñones pueden alojarse en las articulaciones y causar reumatismo, gota y retención de agua.
Los síntomas del inminente problema renal pueden ser engañosamente
suaves en comparación a la severidad potencial de una enfermedad renal.
Los síntomas más comunes y observados de los problemas renales son los
cambios anormales en el volumen, frecuencia y coloración de la orina.

Esto generalmente se acompaña de una hinchazón de la cara y los tobillos,
y dolores en la parte superior de la espalda. Si la enfermedad ha avanzado,
puede haber visión borrosa, cansancio, un decrecimiento en el desempeño,
y náuseas. Los siguientes síntomas también pueden indicar un mal
funcionamiento de los riñones: alta presión, baja presión, dolores en las
partes anterior e inferior del abdomen, orina café oscuro, dolores de
espalda justo arriba de la cintura, ser excesiva, incrementos en la
orina, especialmente durante la noche, menos de 500 ml de orina
diarios, el sentimiento de tener la vejiga china y dolor al momento de
orina, pigmentos epitelial es más secos y oscuros, tobillos hinchados
durante la noche, ojos hinchados durante la mañana, hematomas y
hemorragia.

Piedras renales

Piedras renales incrustadas en un riñón
Todas las principales enfermedades del sistema urinario son causadas
por sangre tóxica; en otras palabras, por sangre repleta de pequeños
moléculas de material de desecho y exceso de proteínas. Los cálculos
biliares en el hígado inhiben la digestión, causando congestión linfática y
sanguínea e interrumpen el sistema circulatorio en su totalidad, incluyendo la sección del sistema urinario. Al remover los cálculos biliares, el sistema
urinario tiene oportunidad de recuperarse, eliminar la acumulación
existente toxinas, piedras, etc., y mantener el equilibrio de los fluidos y
una presión arterial normal. Esto es necesario para que todos los procesos
del cuerpo operen de manera suave y eficiente. Puede existir la necesidad
de también limpiar los riñones (ver La Limpieza Renal en el capítulo 5).

Piedras de la vejiga.

Desórdenes Del Sistema Nervioso

Toda nuestra vida se rige por nuestros sentimientos. Nuestra persona, la
forma cómo nos desenvolvemos, nuestra interacción con otras personas,
nuestro ánimo, antojos, paciencia, nivel de tolerancia, entre otros, se ven
fuertemente afectados por el estado de salud de nuestro sistema nervioso.
En el acelerado mundo actual en que vivimos, estamos expuestos a una
variedad de condiciones que causan estragos en nuestros cuerpos. El
cerebro es el centro de control del cuerpo entero y, a menos de que reciba
la alimentación adecuada, su vida puede ser un desastre físico y
emocional.

Las células del cerebro son altamente capaces de producir la cantidad
de químicos que necesitan, si se le suplen los nutrientes necesarios para
producir dichos químicos. A pesar de que la agricultura moderna ha
agotado la mayoría de los nutrientes del suelo (vea Tomar Minerales
Iónicos, Capítulo 5), la mayoría de las deficiencias nutricionales son el
resultado del pobre desempeño del sistema digestivo y, particularmente, el hígado.

La falta de tales nutrientes puede inhibir la habilidad de nuestro
cerebro para crear los químicos necesarios para funcionar de manera
óptima.

El cerebro también puede funcionar por algún tiempo con una cantidad
de nutrientes abajo el estándar, el precio que se paga incluye la mala salud,
la fatiga, la falta de energía, cambios en los estados de ánimo,
enfermedades, malestares y dolores, y una falta de comodidad
generalizada. Algunas deficiencias se manifiestan a través de
enfermedades mentales.

El sistema nervioso, que incluye el cerebro, la médula espinal, pares de
nervios vertebrales y craneales y funciones autonómicas, es altamente
dependiente de la calidad de la sangre. La sangre se compone de plasma,
un fluido transparente color pajizo, y células. Los elementos que
constituyen el plasma son agua, proteínas de plasma, sales minerales,
hormonas, vitaminas, materiales nutricionales, productos de desecho
orgánico, anticuerpos y gases. Hay tres variedades de células sanguíneas:
los glóbulos blancos (leucocitos), los glóbulos rojos (eritrocitos) y las
plaquetas (trombocitos). Cualquier cambio anormal en la sangre afecta al
sistema nervioso.

Esos tres tipos de células sanguíneas se forman en la médula ósea, la
cual es alimentada y mantenida por los nutrientes proveídos a través del
sistema digestivo. Los cálculos biliares en el hígado interfieren con la
digestión y la asimilación de comida, lo cual llenar plasma con material de
desecho excesivo y reduce la distribución de nutrientes a la médula ósea.
Esto, a su vez, altera el balance de los componentes de las células
sanguíneas, interrumpe el flujo hormonal y causa respuestas anormales en
el sistema nervioso. La mayoría de las enfermedades que afectan el
sistema nervioso tiene su origen en sangre creada incorrectamente, como
consecuencia de un hígado disfuncional.

Cada una de las numerosas funciones del hígado tiene influencia
directa en el sistema nervioso, y particularmente en el cerebro. Las células
hepáticas convierten glicógeno (un azúcar complejo) en glucosa, la cual,
además de oxígeno y agua, es el nutriente más importante del sistema
nervioso. La glucosa proveen la mayor parte de los requerimientos de
energía.

El cerebro, a pesar de que representa solamente la quincuagésima
parte del peso del cuerpo, contiene aproximadamente una quinta parte del
total del volumen sanguíneo en el cuerpo. Usa grandes cantidades de
glucosa. Los cálculos biliares en el hígado reducen dramáticamente la
distribución de glucosa cerebro y al resto de sistema nervioso, lo cual
puede afectar el desempeño de los órganos, los sentidos y la mente.

En las primeras etapas del desequilibrio, una persona puede presentar antojos de comidas, particularmente de comidas dulces o almidonas, y experimentar cambios frecuentes en el estado de ánimo o estrés emocional.

El hígado también crea proteínas de plasma y la mayoría de los factores
coagulantes de la sangre a partir de los aminoácidos disponibles. Esta
función se inhibe con la presencia de cálculos biliares. Si la producción de
factores de coagulación baja, el conteo de plaquetas disminuirá pudiendo
provocar sangrados capilares espontáneos, o enfermedades
hemorrágicas.

Si una hemorragia sucede en el cerebro, puede causar la
destrucción del tejido cerebral, la parálisis con la muerte. La severidad del
sangrado puede determinarse por elementos tales como la hipertensión y el
abuso del alcohol. El conteo de las plaquetas también baja cuando la
producción de nuevas células no se mantiene a la par con la destrucción de
las células dañadas o gastadas, lo que ocurre en el hígado cuando los
cálculos biliares limitan la distribución de sangre a las células hepáticas.
La vitamina K es también esencial para la síntesis de los principales
factores de coagulación. Es una vitamina soluble en grasa que se guarda
en el hígado, necesitando las sales biliares del colon para su absorción.

La deficiencia en la vitamina K aparece cuando los cálculos biliares en el
hígado y la vesícula obstruir el flujo biliar, lo que conduce a una absorción
de grasas inadecuada.

Como se mencionó anteriormente, los cálculos biliares en el hígado
pueden conducir a desórdenes del sistema vascular. Cuando la sangre
cambia y se vuelve gruesa, los vasos sanguíneos comienzan a endurecerse
y a dañarse. Si un coágulo se forma en una arteria dañada, una parte del
coágulo sanguíneo (émbolo) puede alojarse en una pequeña arteria alejada
de la herida y obstruir flujo sanguíneo, causando isquemia e infarto.

Si el infarto sucede en una arteria cerebral, se llama derrame cerebral.
Todas las alteraciones circulatorias afectan al cerebro y al resto del
sistema nervioso. La interrupción de las funciones hepáticas
particularmente afecta a los atrocitos-células que forman el principal
tejido de soporte del sistema nervioso central. Esta condición se
caracteriza por la apatía, desorientación, delirio, rigidez muscular y el
coma.

El desecho bacteriano nitrogenado absorbido en el colon, y
normalmente detoxificado por el hígado, alcanza las células del cerebro a
través de la sangre. Otros productos de desecho metabólico, como el
amoniaco, pueden alcanzar niveles de concentración tóxicos y la pueden
cambiar la permeabilidad de los vasos capilares en el cerebro así como
reducir la efectividad de las barreras sangre-cerebro. A su vez, esto
permite que diferentes sustancias nocivas entren al cerebro, causando mayores daños.

Si las neuronas en el cerebro ya no reciben la cantidad apropiada de
alimento, se desarrolla una atrofia del tejido neural, lo cual conduce a la
demencia y a la enfermedad de Alzheimer. En caso de que las neuronas,
las cuales son responsables de producir la hormona cerebral y el
neurotransmisor dopamina, sufran desnutrición, aparece el mal de
Parkinson. La esclerosis múltiple aparece cuando las células que
producen la mielina, una capa de material graso que rodea la mayoría de
los axones de las células nerviosas, sufran de desnutrición. La capa de
mielina disminuye y los axones se dañan.

El hígado controla la digestión, absorción y metabolismo de las
sustancias grasas a lo largo del cuerpo. Los cálculos biliares interfieren
con el metabolismo de las grasas, afectando los niveles de colesterol en la
sangre. El colesterol es un bloque de construcción esencial de todas las
células del cuerpo y es necesario para todos los procesos metabólicos.
Nuestro cerebro consiste de más de 10% de colesterol puro (sin agua).

El colesterol es importante para el desarrollo del cerebro y las funciones
cerebrales. Proteger los nervios en contra de daños o heridas. Un
desequilibrio en las grasas en la sangre afecta profundamente al sistema
nervioso y, por lo tanto, puede causar casi cualquier tipo enfermedad en el
cuerpo. Al remover los cálculos biliares del hígado y la vesícula se
incrementa la alimentación de nutrientes a todas las células, por lo tanto se
rejuvenece sistema nervioso y se mejoran todas las funciones del cuerpo.

Desórdenes Óseos

A pesar de que los huesos son los tejidos más duros en el cuerpo, son
órganos vivos. Los huesos humanos están compuestos de agua en un 20%,
material orgánico, como células vivas, en un 30-40%, y de material
inorgánico, como el calcio, en un 40-50%. El tejido óseo protege muchos
vasos sanguíneos y linfáticos, así como nervios. Las células responsables
del crecimiento equilibrado de los huesos son los osteoblastos y
osteoclastos. Los osteoblastos son las células creadoras de huesos,
mientras los osteoclastos son los responsables de la resorción ósea para
mantener el estado optimo.

Un tercer grupo de células, llamadas
condrocitos, se encargan de crear el cartílago. La médula ósea roja, que
produce los glóbulos rojos y blancos, se encuentran en las partes menos
densas del hueso, llamado hueso canceloso.
La mayoría de las enfermedades óseas aparecen cuando las células de los huesos dejan de recibir alimentación suficiente. Los cálculos biliares
en el hígado, siempre conducen a la congestión de la linfa en el tracto
intestinal y, en consecuencia, en otras partes del cuerpo (vea Desórdenes
del Sistema Circulatorio). La buena salud ósea es el resultado del
constante equilibrio entre las funciones de los osteoblastos y los
osteoclastos. Este delicado equilibro se altera cuando una deficiente
distribución de nutrientes inhibe la producción de nuevo tejido óseo por
parte de los osteoclastos. La osteoporosis aparece cuando se reduce el
tejido óseo porque los huesos nuevos no están a la par de la destrucción de
huesos viejos.

El hueso canceloso se ve afectado antes que el hueso
compacto. El hueso compacto forma la capa exterior del hueso.
En la osteoporosis generalizada, el exceso de calcio es reabsorbido del
hueso, elevando los niveles de calcio en la sangre y la orina. Esto puede
predisponer a una persona a crear cálculos en los riñones y,
eventualmente, sufrir de fallas renales.

Los cálculos en el hígado reducen
de manera sustancial la producción de bilis. La bilis es esencial para la
absorción de calcio en el intestino delgado. Aún si hubiese una cantidad
suficiente de calcio disponible gracias a la comida o a los suplementos
alimenticios, la escasez de bilis hace que mucho del calcio ingerido sea
inútil en la formación de huesos y otros importantes procesos metabólicos.
Además, la presencia de cálculos biliares en el hígado eleva el nivel de
ácidos dañinos en la sangre, algunos de los cuales son neutralizados por el
calcio liberado de los huesos y los dientes.

Eventualmente, estas reservas
de calcio se agotan, disminuyendo la masa y densidad de los huesos. Esto
conduce a fracturas de huesos y la cadera, e incluso la muerte. Con más de
la mitad de las mujeres mayores de 50 años afectadas por la osteoporosis
(aunque solo sea en las naciones industrializadas), es obvio que el enfoque
actual, basado en la ingesta de hormonas o suplementos de calcio, es un
tiro en la oscuridad, ya que no enfrenta las causas del desequilibrio en el
hígado y la vesícula.

El raquitismo y la osteomalcia son enfermedades que afectan el
proceso de calcificación de los huesos. En ambos casos, los huesos,
especialmente los de las extremidades inferiores, se suavizan y se arquean
con el peso del cuerpo. La vitamina D soluble en grasa, calciferol, es
esencial para el metabolismo equilibrado del calcio y el fósforo y, por lo
tanto, de las estructuras óseas saludables. La secreción insuficiente de bilis
y la alteración del metabolismo del colesterol, ambos causados por los
cálculos biliares en el hígado, conducen a una deficiencia en la vitamina
D. La falta de exposición a la luz ultravioleta agrava la situación.
La infección de los huesos, llamada osteomielitis, aparece cuando hay na prolongada obstrucción linfática en el cuerpo, especialmente en o
alrededor de tejidos óseos.

En consecuencia, los microbios que nacen en la
sangre obtienen un acceso sin restricciones a los huesos. Los microbios
pueden aparecer por cálculos biliares, un absceso dental o un divieso
(furúnculo).

Los tumores malignos del hueso aparecen cuando la congestión
linfática en el cuerpo, y los huesos especialmente, ha llegado a
proporciones extremas. El sistema inmunológico se deprime y las
partículas de los tumores malignos en el pecho, los pulmones o la próstata
pueden extenderse hasta aquellos huesos con la mejor irrigación
sanguínea, esto es, el hueso canceloso.

El cáncer óseo y el resto de las
enfermedades de los huesos significan una falta de alimentación del tejido
óseo. Por lo general, no responden a tratamiento hasta que se hayan
removido todos los cálculos biliares del hígado y se hayan eliminado las
obstrucciones del resto de órganos y sistemas.

Enfermedades de las Articulaciones

Hay tres tipos de articulaciones en el cuerpo: fibrosas o articulaciones
fijas, cartilaginosas o articulaciones de movimiento limitado y sinoviales o
articulaciones de libre movimiento. Las más susceptibles de enfermedad
son aquéllas de las manos, pies, rodillas, hombros, codos y cadera. Las
enfermedades más comunes incluyen a la artritis reumatoide, la osteo-
artritis y la gota.

La mayoría de la gente con artritis reumatoide tiene un largo historial
de problemas intestinales: hinchazón, flatulencias, ardor estomacal,
eructos, constipación, diarrea, hinchazón y enfriamiento de las manos y
pies, sudoración incrementada, fatiga general, pérdida de apetito,
reducción de peso, etc. Por lo tanto, es razonable el concluir que la artritis
reumatoide se vincula con cualquiera de estos síntomas similares a las
dificultades digestivas y metabólicas. Yo personalmente experimenté
todos estos síntomas cuando sufrí episodios de artritis reumatoide juvenil
durante mi niñez.

El tracto gastro-intestinal esta constantemente expuesto a un gran
número de virus, bacterias y parásitos. Esto junto con los diferentes
antígenos (material extraño) encontrado en las comidas, el sistema
digestivo también tendría que enfrentar insecticidas, pesticidas, hormonas,
residuos de antibióticos, conservadores y colorantes contenidos hoy en
tantos alimentos.

Otros posibles antígenos pueden incluir el polen de las flores, plantas, anticuerpos de plantas, hongos, bacteria y grandes
moléculas de medicamentos como la penicilina. Es la labor del sistema
inmunológico, concentrado en su mayoría en las paredes intestinales, el
protegernos de todos estos invasores y sustancias potencialmente dañinas.
Para poder llevar a cabo esta actividad diariamente, ambos, el sistema
digestivo y el sistema linfático deben permanecer libres de obstrucciones y
eficientes. Los cálculos biliares en el hígado seriamente interrumpen el
proceso digestivo, el cual lleva a una sobrecarga de sustancias tóxicas en
la sangre y la linfa, como se mencionó anteriormente (vea Enfermedades
del Sistema Circulatorio).

La artritis es considerada como una enfermedad auto-inmunológica que
afecta las membranas sinoviales. La auto-inmunidad, una condición donde
el sistema inmunológico desarrolla inmunidad a sus propias células, se
presenta cuando los compuestos antígeno/anticuerpo (factores
reumatoides) se forman y se presentan en la sangre.

De manera natural, los
linfocitos B (células inmunológicas) en la pared intestinal se estimulan y
producen anticuerpos (inmunoglobulina) cuando entran en contacto con
estos antígenos. Las células inmunológicas circulan en la sangre y algunas
se asientan en los nodos linfáticos, el bazo, la membrana mucosa de las
glándulas salivales, el sistema linfático de los tubos bronquiales, la vagína
o el útero, las glándulas mamarias productoras de leche y el tejido capsular
de las articulaciones.

Si hay una repetida exposición a los mismos tipos de antígenos tóxicos,
la producción de anticuerpos disminuirá dramáticamente, particularmente
en áreas donde las células inmunológicas se han asentado a raíz de un
encuentro previo con los invasores. Estos dañinos antígenos pueden
consistir, por ejemplo, en partículas de proteínas de alimentos animales en
descomposición.

En tal caso, puede haber una intensa actividad
microbiana. El nuevo encuentro con los antígenos aumenta el nivel de
compuestos antígenos/anticuerpos en la sangre y altera el fino balance que
existe entre la reacción inmunológica y su supresión. Las enfermedades
auto-inmunológicas, las cuáles indican un nivel de toxinas en el cuerpo
extremadamente alto, son el resultado directo de la alteración de este
balance.

Si la producción de anticuerpos es constantemente alta en las
articulaciones sinoviales, la inflamación se vuelve crónica, resultando en
un incremento en las deformidades, el dolor y la perdida de
funcionamiento. El abuso del sistema inmunológico conduce a una
autodestrucción en el cuerpo. Si esta forma de autodestrucción sucede en
tejido nervioso se llama Esclerosis Múltiple, y si ocurre en tejido de algún
órgano, se llama cáncer. Sin embargo, y visto desde un punto de vista más profundo, la autodestrucción es el ultimo intento de auto-supervivencia. El cuerpo sólo se ataca a sí mismo cuando el nivel de toxicidad puede causar más daño que la respuesta auto-inmunológica. Los cálculos biliares en el hígado son la principal causa de toxicidad.

Pueden paralizar la habilidad del cuerpo de mantenerse alimentado y limpio.
La osteo-artritis es una enfermedad degenerativa no-inflamatoria.
Sucede cuando la renovación del cartílago articular (una superficie suave y
fuerte que cubre los huesos en contacto con otros huesos) no puede
mantener el ritmo de renovación.

El cartílago articular gradualmente se
adelgaza hasta que, eventualmente, la superficie articular del hueso entra
en contacto y los huesos comienzan a degenerarse. La reparación anormal
del hueso y la inflamación crónica siguen a este tipo de lesión. Esta
enfermedad también es resultado de un largo y viejo problema digestivo.
Debido a que menos nutrientes se absorben y distribuyen para la creación
de tejidos, se vuelve cada vez más difícil el mantener la saludable
manutención del hueso y cartílago articular.

Los cálculos biliares en el
hígado impiden los procesos digestivos básicos, y por lo tanto, quizás
juegan el papel más importante en el desarrollo de la osteo-artritis.
La gota, otra enfermedad de las articulaciones directamente conectada
al pobre desempeño hepático, es causada por cristales de urato de sodio en
las articulaciones y tendones. La gota ocurre en la gente cuyo ácido úrico
en la sangre es anormalmente alto. Cuando los cálculos biliares en el
hígado comienza a afectar la circulación de la sangre en los riñones (vea
Enfermedades Urinarias), las secreciones de ácido úrico se vuelven
ineficientes. Esto también causa un incremento en el daño y destrucción
celular en el hígado y riñones, como en otras partes del cuerpo.

El ácido úrico es un producto de desecho resultado de la sintetización
de los núcleos celulares y se produce en exceso con el incremento de la
destrucción celular. El fumar cigarrillos, el beber alcohol con frecuencia,
el uso de estimulantes, etc., causan una marcada destrucción celular la cual
libera grandes cantidades de células proteínicas degradadas al torrente
sanguíneo. Además, la producción de ácido úrico se incrementa
agudamente con el sobre consumo de comidas proteínicas como carne,
pescado, huevos, queso, etc3. Incidentalmente, todas las comidas y
sustancias mencionadas anteriormente provocan la formación de cálculos
biliares en el hígado y la vesícula. Pueden haber severos ataques de artritis
previos a que el daño de las articulaciones disminuyan la movilidad y la
gota se vuelva una condición crónica.

Enfermedades del Sistema Reproductivo

Los sistemas reproductivos masculinos y femeninos dependen del
suave funcionamiento del hígado. Los cálculos biliares en el hígado
obstruyen el movimiento de la bilis a través de los conductos biliares, lo
cual altera la digestión y distorsiona el marco de referencia estructural de
los lóbulos hepáticos. Esto inhibe la producción hepática de suero-
albúmina.

El suero-albúmina es la proteína más común y abundante en la
sangre y es responsable de mantener la presión osmótica del plasma en su
nivel normal de 25mmhg, y los factores de coagulación, esenciales para la
coagulación de la sangre. La presión osmótica insuficiente reduce el
suministro de nutrientes a las células, incluyendo aquéllas de los órganos
reproductivos.

Esto puede conducir a un reducido drenaje linfático y, en
consecuencia, a la retención de líquidos y edema, así como la retención de
desechos metabólicos y el gradual impedimento de funciones sexuales.
La mayoría de las enfermedades del sistema reproductivo son el
resultado de un mal drenaje linfático.

El conducto toráxico (vea Enfermedades del sistema circulatorio) drena el líquido linfático de todos los órganos del sistema digestivo, incluyendo el hígado, el bazo, el
páncreas, el estómago y los intestinos. Este largo conducto muchas veces
se congestiona seriamente cuando cálculos biliares en el hígado conducen
a la mala digestión y absorción de alimentos. Es obvio, pero pocas veces
reconocido, que la congestión en el conducto toráxico afecta a los órganos
del sistema reproductivo; ellos también necesitan vaciar sus productos de
desecho linfático al conducto toráxico.

El mal drenaje linfático en el área pélvica de la mujer es responsable de
inmunidad disminuida, problemas menstruales, PMT, síntomas
menopáusicos, enfermedad inflamatoria de la pelvis, cervicitis, todas las
enfermedades uterinas, distrofia de la vulva con el crecimiento de tejido
fibroso, quistes y tumores en los ovarios, destrucción celular, deficiencias
hormonales, la baja libido y mutaciones genéticas de células que terminan
en cáncer.

El bloqueo toráxico puede también resultar en la congestión
linfática del seno izquierdo, dejando depósitos de sustancias nocivas que
pueden causar inflamación, formación de bultos y hasta tumores. Si el
conducto linfático derecho, el cual drena la linfa de la parte derecha del
tórax, cabeza, cuello y brazo derecho se congestiona, las toxinas se
retienen en el seno derecho, provocando problemas similares.

La continua restricción del drenaje linfático del área pélvica masculina
causa el crecimiento, benigno y maligno, de la próstata, inflamación de los
testes, el pene y la uretra. La impotencia es una probable consecuencia de este evento.

El constante incremento de cálculos biliares en el hígado, un
factor común entre los hombres de edad media en sociedades ricas, es una
de las mayores razones para el bloqueo linfático en esta vital parte del
cuerpo. Las enfermedades venéreas aparecen cuando hay un gran nivel de
toxicidad en el área expuesta debido al bloqueo linfático, previo a la
infección microbiana. El colapso de la capacidad del sistema linfático para
repeler a los organismos invasores causa la mayoría de las enfermedades
sexuales y reproductivas.

Al remover todos los cálculos biliares del hígado y recurrir a una dieta y estilo de vida saludables, la actividad linfática regresa a su normalidad. El tejido reproductor recibe una alimentación mejorada y se vuelve más resistente. Las infecciones ceden, los quistes, tejidos fibrosos y tumores se reducen y desaparecen y las funciones sexuales se recuperan.

Enfermedades de la Piel

Casi todas las enfermedades de la piel, como el eccema, el acné y la
soriasis tiene un factor en común: cálculos biliares en el hígado. Casi todas
las personas con enfermedades de la piel en particular también tienen
problemas digestivos y sangre con impurezas. Éstas son causadas
principalmente por los cálculos biliares y los efectos que tienen en el
cuerpo en general.

Los cálculos biliares contribuyen a numerosos
problemas a lo largo del cuerpo -particularmente en los sistemas
digestivo, circulatorio y urinario. En un intento por eliminar lo que el
colon, los riñones, los pulmones, el hígado y el sistema linfático no
pudieron eliminar o neutralizar, la piel se inunda y sobrecarga de desechos
acídicos. A pesar de ser el órgano más grande en el cuerpo para la
eliminación, eventualmente cae frente al asalto ácido. El material tóxico es
primeramente depositado en el tejido conectivo debajo de la dermis.
Cuando esta estación receptora de basura se satura, la piel comienza a
funcionar equivocadamente.

Las excesivas cantidades de sustancias nocivas, desecho celular,
microbios de diferentes fuentes, como los cálculos biliares, y varios
antígenos de comidas mal digeridas congestionan el sistema linfático e
inhiben el correcto drenaje linfático de las varias capas de la piel. Las
toxinas y proteínas en descomposición de células de la piel dañadas o
destruidas atraen microbios y se vuelven una fuente de constante irritación
e inflamación de la piel. Las células de la piel empiezan a sufrir de
desnutrición, lo cual reduce en gran manera su periodo de renovación normal (aproximadamente una vez al mes). Esto también puede causar daños extensivos a los nervios de la piel.

Si las glándulas sebáceas, las cuales vierten su secreción, el sebum en
los folículos del cabello, tienen deficiencias nutricionales, el crecimiento
del cabello se vuelve anormal y, en particular, el cabello puede caerse del
cuero cabelludo. Cuando el suministro de melanina es deficiente, el
cabello se torna gris. La deficiencia en el sebum también altera la textura
saludable del cabello y lo hace ver opaco y poco atractivo. En la piel, el
sebum actúa como un agente bactericida y fungicida, previniendo la
invasión de microbios. También previene la resequedad y el agrietamiento
en la piel, especialmente cuando esta expuesta a la luz del sol y al aire
seco y caliente.

La predisposición genética hacia la calvicie o cualquier otra
enfermedad de la piel no son grandes factores, según se dice comúnmente.
Las funciones de una piel saludable se restauran, y el crecimiento del
cabello, especialmente en las mujeres, regresa a su normalidad toda vez
que los cálculos biliares se remueven y el colon y los riñones/vejiga se
mantienen limpios (para mayores detalles sobre la irrigación del colon y la
limpieza de los riñones, refiérase a mi trabajo previo, Los Eternos Secretos
de la Salud y el Rejuvenecimiento).

 

Conclusión

Los cálculos biliares son una gran causa de enfermedad en el cuerpo.
Inhiben el funcionamiento del órgano más complejo, versátil e influyente
en el cuerpo, el hígado. Nadie ha creado un hígado artificial debido a esta
complejidad. Con sólo el cerebro como órgano con una mayor
complejidad, el hígado controla los más complicados procesos digestivos
y metabólicos, afectando con esto la vida y salud de todas las células en el
cuerpo. Al remover los obstáculos que previenen al hígado de hacer su
trabajo de manera rápida y eficiente, el cuerpo puede retornar a un estado
de balance continuo y vitalidad.

Capítulo 2 ¿Cómo Sé Si Tengo Cálculos Biliares?
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